Actualmente vivimos una gran revolución en la maternidad, donde la valoración del parto natural ha ido en aumento1. Teniendo en cuenta la recuperación más rápida de la mujer en el posparto, la lactancia que ocurre de forma más natural debido a que la bajada de la leche es más rápida y los riesgos de complicaciones son mucho menores que en una cesárea, sin embargo existen situaciones en las que la intervención médica es necesaria para que el bebé nazca y se realice un parto con fórceps. El parto con fórceps es un parto vaginal, pero se realiza con la ayuda de un instrumento quirúrgico similar a una gran cuchara para extraer al bebé. El instrumento se abre y cada extremo se coloca alrededor de la cabeza del bebé para ayudar en la expulsión y sacar al bebé más rápidamente por el canal vaginal. Este método es muy utilizado en partos de riesgo o cuando el bebé se queda encajado dificultando la salida y es necesaria la intervención para que la salida se dé sin sufrimiento para la madre y el bebé.
Pero como todo en la vida que implica riesgos, el parto con fórceps no es una situación bien vista por la población y se expone como una situación traumática para la madre y el bebé, por eso solo debe ser utilizada en casos de extrema necesidad2. Sin embargo, el método se utiliza como última alternativa en un parto normal antes de recurrir a una cesárea de emergencia. Es importante resaltar que el método del fórceps alto, tan invasivo y utilizado antiguamente, hoy en día casi no se utiliza, optándose por el parto con fórceps de alivio, cuando la cabeza del bebé ya está asomando y aun así solo se usa en alrededor del 5% de los partos normales.
El instrumento también es diferente al de los tiempos antiguos, cuando se parecía más a dos espátulas. Estas podían dañar al bebé en el lugar donde se apoyaban para tirar del bebé. Actualmente, el fórceps es más cóncavo, se adapta a la cabeza del bebé. Así causa menos traumas que las antiguas espátulas.
Consecuencias del Parto con Fórceps
Existen muchas informaciones incorrectas que se cuentan sobre el parto con fórceps, una de ellas es sobre las secuelas que quedan tras el procedimiento, no existen muchas evidencias que comprueben daños y por eso no se puede afirmar nada. Sin embargo, los relatos de madres en los años 60 y 70, cuando el fórceps se usaba con mayor frecuencia y menos criterio, justifican su mala fama. Los bebés salían bastante lastimados, los laterales de la cabeza llegaban a tener marcas profundas y tardaban mucho en sanar. En algunos casos los bebés llegaban a tener el cráneo deformado por algún tiempo debido a la fuerza del procedimiento. Si el bebé llega a sufrir algún hematoma superficial como consecuencia del procedimiento, este será mucho menor que las consecuencias del fórceps antiguo. Algunas cesáreas también utilizan el fórceps para ayudar a extraer al bebé, normalmente cuando el bebé aún está muy alto.
Una consecuencia del parto con fórceps es también la inevitable episiotomía3 durante el procedimiento. La mujer sufrirá un corte en el periné (perpendicular a la vagina en dirección al recto), para facilitar la salida del bebé con el procedimiento. Afortunadamente, hoy en día el fórceps alto ya no se utiliza. El método ahora es más suave y solo pretende ayudar a la madre en el momento del esfuerzo para que el bebé nazca de la manera más suave posible. El médico responsable del parto con fórceps podrá utilizar el método cuando la madre esté sin fuerzas para empujar, o cuando el bebé esté a punto de nacer y de alguna forma no consiga salir. Debemos recordar que el fórceps no es tan arriesgado como cuentan nuestras madres y abuelas. En realidad es una buena manera de colaborar para un nacimiento sin traumas para madre e hijo y también de salvar la vida del bebé. Otro método también utilizado para ayudar a la salida más rápida del bebé es el método de ventosa o parto al vacío, donde se utiliza un aparato que «succiona» al bebé hacia afuera para que los médicos puedan recibirlo.
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Foto: Gilberto Santa Rosa







