Es difícil hablar de un “estándar” para la piel, porque la piel es todo, menos estática. No es como un cuadro en la pared: es más bien como un acuario dinámico y lleno de colores. En su interior y en su superficie, ni siquiera sospechamos, pero mil procesos siempre están ocurriendo. Ni siquiera cuando dormimos, este movimiento frenético de sus sustancias, de su flora bacteriana, de sus increíbles procesos, se detiene. Además, especialmente cuando hablamos de la piel del rostro, esta se transforma a medida que avanza el reloj, y no estamos hablando propiamente de la llegada de la vejez. La piel acompaña nuestras distintas fases de la vida. En la pubertad es de una manera. En la adultez, de otra. Y no solo eso: el clima, las condiciones de salud, nuestras emociones y sentimientos también interfieren en ella. Otra fuerza poderosa responsable de alterar nuestra piel son las hormonas. A ellas les corresponde enviar mensajes de una parte del cuerpo a otra, comunicando aspectos que ayudan a regular nuestros procesos físicos y conductas. Solemos pensar en ellas de manera aislada. Nos preocupamos, como mucho, por saber si están equilibradas o no, por ejemplo, pero lo cierto es que la piel dialoga todo el tiempo con las hormonas, con ellas se comunica y reacciona; el papel que desempeñan es enorme en este sentido. 
- ¿Qué es la sincronización del cuidado de la piel a través del ciclo?
- Una relación estrecha: las hormonas sexuales y las glándulas sebáceas
- Las hormonas sexuales y el ciclo
- ¿Qué es el acné hormonal?
- Sincronizando el ciclo
¿Qué es la sincronización del cuidado de la piel a través del ciclo?
Básicamente, el punto de partida de la sincronización del ciclo es entender que los niveles hormonales se están modificando mientras transcurre, y las necesidades de skincare deben acompañar ese recorrido. De esta manera, estos cambios en la piel serán respondidos de la mejor manera posible. Como diría el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) “saber es poder”. ¿Te imaginas que investigar tu ciclo y tu piel puede beneficiar mucho la rutina que ya tienes?
Especialistas en el tema señalan que esta técnica es mejor para personas cuya piel cambia perceptiblemente a lo largo del mes y para quienes experimentan recurrencia entre estos cambios.
¿Cómo podemos hacer esto? La idea es adaptar los productos de cuidado de la piel ya integrados en la rutina, como limpiador, tónico, exfoliante e hidratante, a tu ciclo menstrual. El objetivo principal es precisamente mejorar la función y el aspecto de la piel, y reducir (o prevenir) los temidos granos, que afectan a buena parte de las mujeres en ese período (más adelante detallaremos mejor el acné hormonal). Si ya sueles prestar atención a tu piel, especialmente la del rostro, ya habrás notado que, a medida que ocurre el ciclo, cambian drásticamente las necesidades cutáneas. Un día puede estar más seca, poco tiempo después, por ejemplo, puede empezar a “brotar aceite”. ¿Por qué pasa esto?
Una relación estrecha: las hormonas sexuales y las glándulas sebáceas
Las hormonas actúan como mensajeros químicos del cuerpo. En la práctica, se secretan en el torrente sanguíneo y se embarcan en un gran viaje hacia tejidos y órganos específicos, con el fin de ayudarles a cumplir bien su función. Es así como, diariamente, las hormonas coordinan y realizan funciones características en el organismo.
Alrededor de la pubertad, estas glándulas comienzan a aumentar de tamaño. Se estima que la mayor parte de este sebo se expulsa entre los 15 y 35 años.
Las glándulas sebáceas, como muchas otras partes de la piel, tienen receptores influenciados por hormonas sexuales. Son estos receptores los que permiten la interacción, es decir, gracias a ellos las hormonas transmiten sus mensajes. Especialmente los andrógenos (que son hormonas sexuales masculinas, como la testosterona, presentes tanto en hombres como en mujeres) tienen una fuerte acción sobre las glándulas sebáceas. El tema es que estos andrógenos intensifican la creación de sebo durante la pubertad. Es simple: cuando hay más andrógenos uniéndose a los receptores de las glándulas sebáceas, aparecerá más sebo. Por consiguiente, este contexto puede acarrear un claro aumento de la oleosidad de la piel, facilitando la presencia de acné.
En el recién nacido, debido a la acción de los andrógenos maternos, las glándulas sebáceas están moderadamente desarrolladas. Pasada esta influencia de los andrógenos maternos, las glándulas sebáceas regresan, volviendo a desarrollarse en la pubertad por acción de los andrógenos de origen testicular, ovárico y suprarrenal.
Las glándulas sebáceas más grandes se encuentran en regiones donde el sistema piloso (relacionado con el vello) es menos desarrollado, como la nariz y la frente. Están formadas por una delicada red de mallas llenas de grasas.
En un estudio realizado con mujeres con piel grasa, se observaron aumentos en la producción de sebo durante la semana anterior a la menstruación y también durante la semana de la menstruación. La semana con la menor cantidad de sebo producido fue la segunda semana del ciclo menstrual. En mujeres con piel no grasa, no se observaron cambios significativos en este proceso. Como no se midieron los niveles hormonales en este estudio, los investigadores no pudieron afirmar si los cambios en la oleosidad de la piel se debían realmente a cambios en los niveles hormonales.
Muchos otros factores influyen en los niveles de sebo y pueden afectar la oleosidad de la piel, como por ejemplo:
- Exceso de exposición solar;
- Uso excesivo o inadecuado de productos para el cuidado de la piel;
- Genética;
- Las estaciones del año.
Lo interesante es que para la ciencia, el verdadero significado fisiológico del sebo aún es desconocido. Sin embargo, se le han atribuido, además de su importancia en los mecanismos de equilibrio del organismo humano, funciones como barrera protectora, actividades microbianas, antibacterianas y antifúngicas.
Las hormonas sexuales y el ciclo
Aunque existen muchos tipos de hormonas involucradas en el ciclo menstrual, el estrógeno, la progesterona y la testosterona desempeñan los roles más importantes cuando se trata de sincronizar el ciclo con tu rutina de cuidado de la piel:
- Testosterona – Estudios sugieren que personas con acné pueden producir más testosterona. El aumento de los niveles de testosterona puede llevar a una producción excesiva de sebo, que a su vez bloquea los folículos y causa inflamación de las glándulas sebáceas. Además de desencadenar un brote de acné, también puede hacer que el cabello se sienta más graso.
- Estrógeno – Puede ser un verdadero alivio para la piel, ayudando a mantenerla sin acné y suprimiendo la producción de sebo. Por si fuera poco, los estudios muestran que el estrógeno tiene también muchos efectos antienvejecimiento, aumentando la producción de colágeno, contribuyendo a mejorar el grosor y la elasticidad y favoreciendo la cicatrización. También cumple un papel esencial en la función de barrera lipídica saludable, que evita que la piel se reseque.
- Progesterona – Niveles saludables también pueden influir positivamente en la piel, ayudando a detener el acné relacionado con la testosterona y proporcionando una piel libre de granos. Por otro lado, en el ciclo menstrual, la progesterona aumenta después de la ovulación y, como consecuencia, también sube la temperatura corporal. Esto lleva a tasas más altas de sudor, lo que indirectamente puede dejar el ambiente de la piel más propenso al acné.
Aunque los niveles de testosterona varían a lo largo de la vida (la pubertad, por ejemplo, es una fase de pico), durante el ciclo menstrual sufre solo ligeras variaciones.
Aunque todavía no está del todo claro hasta qué punto esta hormona afecta a las glándulas sebáceas, el estrógeno ha demostrado reducir los niveles de producción de sebo y la activación glandular, particularmente en dosis altas. Por otro lado, cuando está fuera de equilibrio, también puede causar problemas en la piel. Altos niveles de estrógeno, llamados “dominancia de estrógeno”, están asociados con hiperpigmentación y melasma;
Cabe destacar que los niveles de progesterona bajan ante el estrés crónico y, cuando esto ocurre, posiblemente aparecerán síntomas como testosterona alta, dominancia de estrógeno y síndrome premenstrual. Traducción: mal humor, piel grasa y proclive a manchas.
Analiza el contexto general de aparición del acné en tu rostro a lo largo del mes. Tal vez, si te fijas en el momento en el que ocurrió, notarás que fue alrededor de la tercera semana, durante la llamada fase lútea, cuando la progesterona hace que la piel se hinche. Esto termina por hacer que los poros se cierren y, finalmente, también aumenta la producción de aceite, lo que es una doble acción peligrosa y permite la aparición de inflamaciones.
- Fase 1 (Menstrual) – Comienza el primer día del periodo y puede durar de tres a seis días. Las hormonas están bajas;
- Fase 2 (Folicular) – Empieza después de la menstruación, normalmente termina alrededor del día 12. El estrógeno comienza a acumularse;
- Fase 3 (Ovulatoria) – Ocurre entre los días 13 y 16 del ciclo. Dura entre tres y cuatro días, y se caracteriza por picos de estrógeno;
- Fase 4 (Lútea) – Ocurre entre los días 17 y 28. Esta fase se da después de la ovulación y termina cuando inicia una nueva menstruación. La progesterona aumenta de manera significativa, el estrógeno crece y ambos bajan antes de la menstruación.
Es a partir de esta información sobre el ciclo y las hormonas que se lleva a cabo la sincronización del cuidado de la piel. Sin duda, con este conocimiento aliado a una observación precisa de la superficie cutánea, se puede estar un paso adelante, anticipando los cambios que sufrirá la piel y atendiendo estos cambios de manera que se prevenga y trate el acné de forma más consciente y, en consecuencia, más efectiva.
¿Qué es el acné hormonal?
Por supuesto que no es novedad, pero en relación con el ciclo, una de las condiciones de piel más reportadas es el acné. En este contexto, la aparición de granos hormonales relacionados con la menstruación es muy común en la fase llamada perimenstrual, que comprende los 10 días previos a la menstruación, más los días de sangrado. Básicamente, el proceso ocurre de la siguiente forma:
- Niveles altos de andrógenos comienzan a generar un exceso de producción de sebo;
- Puede suceder que este sebo se combine con células muertas de la piel dentro de los poros, causando una obstrucción;
- Los poros llenos de sebo son lugares ideales para bacterias, lo que favorece su proliferación en los poros y agrava la condición, dando lugar al acné inflamatorio.
Aunque no se conocen con total exactitud las razones para la aparición del acné hormonal, existen varias hipótesis que intentan explicarlas, siendo dos de ellas:
- Antes de que comience la menstruación, no hay suficiente estrógeno para promover su efecto “antisebo”. Así que, sin el estrógeno alto, los andrógenos intensifican la producción sebácea, lo que lleva al aumento de la obstrucción de los poros y a un ambiente favorable para el acné;
- El acné hormonal resulta de una deficiencia o desequilibrio en los niveles de progesterona o estrógeno.
Ya se sabe, sin embargo, que las mujeres con ciclos con niveles más altos de andrógenos, como aquellas con síndrome de ovario poliquístico (SOP), son más propensas al acné. Por lo tanto, algunas notan una marcada disminución en la aparición de granos al tomar anticonceptivos hormonales.
La explicación es que en la píldora anticonceptiva combinada, el estrógeno sintético está presente en dosis que inhiben la ovulación. Cuando la ovulación no ocurre, los andrógenos ováricos no se producen. Sin embargo, no todo el acné estará relacionado con el ciclo menstrual o con las hormonas.
Aunque el acné es prevalente en la adolescencia, varios autores indican que el número de casos en mujeres adultas va en aumento, ya sea en quienes iniciaron en la adolescencia y persistieron, o en aquellos casos de aparición tardía. En la forma adulta se ha estudiado especialmente la llamada hiperandrogenia (aumento de la acción biológica de los andrógenos) como uno de los factores principales.
En la mujer, la mayor producción de andrógenos ocurre en la glándula suprarrenal y en los ovarios.
¿Y cómo se manifiesta el acné hormonal en la mujer adulta? En líneas generales, se caracteriza por el predominio de las formas leves de acné, con una localización más frecuente en la zona perioral (alrededor de la boca), en la mandíbula y el cuello, muy diferente al de la adolescencia, en el que las lesiones aparecen más en las mejillas (parte superior de los pómulos) y la frente (entre las cejas y el cuero cabelludo).
La asociación entre hormonas y acné se investiga desde hace muchos años. En 1969, por ejemplo, se correlacionaron los niveles aumentados de testosterona con el acné. En otro estudio se comprobó la relación entre el aumento de andrógenos y el acné, hirsutismo (aumento de la cantidad de vello en el cuerpo de la mujer, en lugares comunes al hombre) y trastornos menstruales.
Además de los ya mencionados, las principales hormonas involucradas en el proceso acneico son:
- Hormona luteinizante (LH);
- Hormona foliculoestimulante (FSH);
- Prolactina (P);
- Testosterona libre (TL);
- Sulfato de dehidroepiandrosterona (DHEA-S);
- Dehidroepiandrosterona (DHEA);
- Androstenediona (A).
Vale recordar que el acné crónico o grave en diferentes momentos de tu ciclo puede ser una señal de que algo debe ser revisado.
Sincronizando el ciclo
Tras disponer de esta información sobre las hormonas y el acné hormonal, así como acompañar en detalle el ciclo durante algunos meses, es hora de combinar este contenido con el cuidado de la piel, realizando la sincronización. Es importante señalar que aquí solo haremos sugerencias, ya que el conocimiento sobre la propia piel es fundamental para respetarla en sus particularidades, pues hay tipos de piel que simplemente no toleran bien ciertos cosméticos y sustancias.
- Menstruación (En promedio días 1-6): Activos reparadores, calmantes e hidratantes
Esta fase se caracteriza por bajos niveles de estrógeno y progesterona (el primero aporta firmeza e hidratación a la piel; el segundo, oleosidad), lo que puede dejar la piel seca y sin brillo o incluso con aspecto cansado. Por otro lado, un aumento en la prostaglandina puede hacer que la piel sea más sensible e inflamada. También disminuyen los niveles de hormonas producidas por la glándula hipófisis (como la LH y la FSH). Por lo tanto, en esta época, es mejor evitar exfoliarse y depilarse y, si es posible, dormir al menos ocho horas regularmente. Además, se puede apostar por una hidratación ligera con un tónico de agua de rosas, por ejemplo, ya que en este momento el control de la oleosidad todavía puede ser un problema. No es raro que esta fase venga acompañada de granos. También es el momento de limpiar los poros, absorber toxinas y facilitar la renovación celular. Un buen ingrediente para usar en este periodo es el ácido salicílico, ya que es eficaz en la reducción de puntos negros y granos, actuando además para disolver los residuos de piel que obstruyen los poros. Además, es antiinflamatorio y ayuda a reducir el enrojecimiento.
- Fase folicular (Post-menstruación/En promedio días 6-12): Activos que estimulan el colágeno y mantienen el brillo
Digamos que esta es la hora de oro para la piel. El estrógeno empieza a subir, optimizando la retención de humedad cutánea, los niveles de colágeno aumentan, resultando en una piel más “rellena” y elástica, y todo cicatriza más rápido de lo normal. Todo este conjunto le da un brillo natural.
Un buen consejo es que, si tienes la piel más grasa, los hidratantes nutritivos de día pueden usarse como crema nocturna.
- Ovulación (En promedio días 13-16): Activos preventivos
El estrógeno y la testosterona aumentan, así como los altos niveles de hormona luteinizante provocan que se libere un óvulo. Como mencionamos, la fase lútea (la siguiente) implicará un mayor trabajo de las glándulas sebáceas. Así que es interesante prevenir la aparición del acné antes de que la piel se vuelva grasa. En esta etapa, ya se puede notar que la piel está cambiando, presentando más sebo y también predispuesta a manchas. Un producto que no puede faltar en este periodo es el gel de aloe vera, que no es graso, tiene propiedades antiinflamatorias y función antibacteriana. Un sérum que contenga niacinamida también puede ser una buena elección.
Altos niveles de testosterona suelen favorecer también la aparición de vello facial, así que es recomendable estar atenta a esto en este momento.
- Fase lútea (En promedio días 17-28): Activos que calman la inflamación y controlan el sebo
Esta es la fase más temida, porque los picos de progesterona hacen que la piel se hinche y los poros se contraigan. En cuanto a la testosterona, un desequilibrio puede resultar en una mayor producción de sebo, que queda atrapado en los poros, ocasionando granos e inflamación. Por otro lado, bajan los niveles del “glorioso” estrógeno que tanta belleza nos regaló en la fase folicular. Con todo esto sucediendo, es común que el rostro se hinche, lo que se puede aliviar con masajes faciales. Otra peculiaridad en este período es que la piel tiende a estar oleosa pero deshidratada, porque la capacidad de retención de agua suele estar reducida. La producción de colágeno también disminuye, así como la elasticidad, y puede empeorar afecciones como la rosácea y la psoriasis. Pero tranqui, ya tenemos todo esto identificado y así es posible minimizar los daños. En esta fase, encontrar el equilibrio de la piel casi significa ganar una partida de ajedrez: es necesario eliminar el exceso de grasa sin desencadenar una piel inflamada, ya que la inflamación puede resultar en granos como respuesta. Así, se desaconseja el uso de cualquier tipo de cosmético más “pesado” en este período, pues sin duda contribuiría a obstruir los poros. Solo se recomiendan texturas en formato sérum. La limpieza es una parte muy importante y debe hacerse sin agredir, de preferencia con un pH adecuado para la piel del rostro (entre 5 y 5,5). Si se considera necesario, el rostro se puede limpiar una vez más al día.
Si ya tienes una rutina de skincare definida y es un poco extensa (con más de cuatro productos, por ejemplo), es recomendable reducirla, pues en este período prima la máxima “menos es más”. Todo para no irritar ni saturar la piel.
Un ingrediente clave que puede favorecer esta fase es el ácido ferúlico y, si no tienes la piel sensible o reactiva, puede realizarse un tratamiento localizado en áreas más propensas al acné (como la mandíbula, por ejemplo), utilizando un gel a base de peróxido de benzoilo. Cosméticos que contienen ingredientes calmantes, como el árbol de té (tea tree), también pueden ser de gran ayuda.









