El proceso de globalización y el avance de las tecnologías han traído una diversidad de informaciones sobre nuestra salud y bienestar. Así, crece la preocupación por conquistar una vida más larga y una apariencia saludable. En este contexto, sabemos que con el paso de los años nuestro organismo deja de producir algunas sustancias esenciales para el cuerpo, afectando, en consecuencia, a nuestra apariencia. Entre ellas se encuentra la proteína colágeno, muy presente en la estructura corporal y fundamental para el que es nuestro órgano más grande: la piel. Y, si la búsqueda de la salud es una constante en el mundo contemporáneo, cuando se trata de la piel, entonces, tenemos la impresión de que entramos en otra dimensión donde todos nosotros, claro, queremos retrasar los efectos del envejecimiento. Todo este contexto explica el gran interés por cosméticos, alimentos y suplementos capaces de ayudarnos en esta tarea. De hecho, si podemos envejecer con una mejor apariencia, ¿por qué no dar una ayudita a nuestro cuerpo? Aquí ofrecemos una pequeña guía sobre el colágeno y cómo podemos favorecerlo en nuestro día a día.
- ¿Qué es el colágeno?
- Tipos de colágeno
- Formas de presentación del colágeno en el mercado
- Colágeno y envejecimiento
- Cómo favorecer el colágeno en la piel
¿Qué es el colágeno?
El colágeno es la proteína más abundante en nuestro organismo, representando cerca del 25 al 30% de toda la proteína de nuestro cuerpo. Se localiza en la segunda capa de la piel, la dermis, y mientras cumple su función natural en nuestro organismo, contribuye a la integridad estructural de los tejidos en los que está presente.
- Fibra de colágeno
- Dermis
- Molécula de colágeno
La dermis, siendo la capa intermedia de la piel, está formada por las fibras de colágeno, elastina (que es una proteína estructural de las fibras elásticas, tendones y ligamentos) y gel coloidal (un líquido gelatinoso que almacena agua para otras partes del cuerpo, en caso de urgencia). Este conjunto es responsable de conferir tonicidad, elasticidad y equilibrio a la piel. Y en esta historia es bueno saberlo: el colágeno es el protagonista. Esto se debe a que esta proteína fibrosa, encontrada ampliamente en el reino animal, es el compuesto más importante del tejido conjuntivo, que integra la dermis. Una vez que la dermis sufre alteraciones con el paso de los años, la piel se va volviendo menos firme, disminuye gradualmente su capacidad de retener agua y con eso aparecen las arrugas.
Las arrugas suelen dividirse en dos tipos, las superficiales (aquellas que desaparecen cuando estiramos la piel) y las profundas y permanentes (que no desaparecen cuando estiramos la piel), que incluyen los surcos.
Entre otros motivos, esto ocurre porque nuestro héroe, el colágeno, empieza a ser más escaso. De ahí surge la necesidad de que ayudemos a nuestra propia fisiología, favoreciendo su reposición y la de otras sustancias que nuestro organismo ya no puede producir y que colaboran para ello.
Tipos de colágeno
Cuando hablamos de colágeno, en la actualidad, nos referimos a una familia de al menos 27 formas similares de proteínas encontradas en tejidos conectivos de nuestro cuerpo, como huesos, tendones, cartílagos, venas, piel, dientes y músculos.
- El tipo más presente de colágeno en nuestro organismo es el tipo I (colágeno nativo o tropocolágeno). Este se encuentra en la piel, tendones, ligamentos y huesos.
Es a partir de este tipo de colágeno que tenemos la obtención de aquellos productos que vemos en las farmacias, el colágeno hidrolizado y la gelatina.
- Por su parte, el colágeno tipo II está principalmente en los cartílagos. Dentro del cuerpo esta especie de colágeno funciona como un resorte: nos permite soportar peso o incluso generar impulso, por eso está presente, por ejemplo, en las rodillas.
- El colágeno tipo III se encuentra especialmente en los vasos sanguíneos de mayor grosor, como los de las arterias. También puede encontrarse en las llamadas “musculaturas lisas”, como el intestino y el útero, y en órganos como los riñones y el hígado, lo que es muy interesante porque este tipo específico de colágeno aporta elasticidad justamente para servir de amortiguador natural, con el objetivo de sostener y proteger nuestros órganos.
Formas de presentación del colágeno en el mercado
Cuando hablamos de su producción industrial, el colágeno puede ser obtenido de diversas especies animales. En Brasil, debido a la gran producción para exportación, la mayor parte del colágeno proviene de la industria de la carne bovina. Vendido tal cual, el colágeno se ha convertido en un alimento funcional y, como tal, posee propiedades terapéuticas.
En su composición original, el colágeno es insoluble en agua, debido a la gran concentración de aminoácidos y, por eso, necesita pasar por un tratamiento químico, para ser convertido a la forma adecuada.
En ese proceso, el colágeno pasa por la llamada hidrólisis (del griego hidro – agua, y lysis – separación). En la práctica, esto significa que las moléculas de colágeno se reducen por acción del agua, para que el producto pueda ser absorbido más fácilmente por el intestino. De ahí viene el nombre “hidrolizado”.
La gelatina, por otro lado, no es la más indicada como fuente de fibras nutritivas, principalmente por contener gran cantidad de aditivos químicos.
Con esto, podemos visualizar el uso tanto de la gelatina como del colágeno hidrolizado y el verisol. Estos últimos, normalmente encontrados en forma de polvo, pero también frecuentemente en gomitas y cápsulas. Por su parte, la gelatina se usa en el área alimentaria, fotográfica, cosmética y farmacéutica, basada principalmente en sus propiedades gelificantes (es decir, para la producción de geles).
Colágeno y envejecimiento
Durante los primeros años hasta la pubertad, estas deficiencias o alteraciones del colágeno no son tan visibles y prácticamente no muestran evidencias en el organismo, pero con la madurez la falta de colágeno constante se vuelve notoria incluso en la apariencia. La red de fibras de colágeno en la dermis, con la edad, se va deformando poco a poco. Las fibras se vuelven más fragmentadas, cortas y gruesas, y menos organizadas, acumulando colágeno dañado. Esto se traduce en una piel delgada, en algunos lugares arrugada, seca y ocasionalmente escamosa. De este modo ocurren algunos cambios en las estructuras y funciones de la dermis, como la reducción de volumen y de espesor, así como la disminución de la capacidad de retener humedad.
El espesor de la epidermis (la capa más externa de la piel) varía. Las áreas sujetas a mayor fricción, por ejemplo, como las palmas de las manos y las plantas de los pies, tienen una capa más gruesa, entre 1 a 5 mm de espesor. En la piel del rostro el espesor va de 0,05 mm (en la zona de los ojos) a 0,1 mm, siendo mucho más fina y sensible.
Se debe destacar, sin embargo, que el envejecimiento cutáneo está regulado por varios factores, no solo de orden genética, sino también ambientales, principalmente la exposición excesiva al sol, y también que las deficiencias nutricionales actúan acelerando este proceso.
Cómo favorecer el colágeno en la piel
Para favorecer el colágeno en la piel, se puede consumir tanto alimentos ricos en esta sustancia, como carne roja, pollo y pescados, como ingerir alimentos ricos en vitamina C (como selenio, zinc y silicio). Combinados, tienen un efecto optimizado.
Estos nutrientes ayudan en la producción de colágeno, generando mejores resultados en los tratamientos de salud y estéticos. Otra alternativa sería el uso de un suplemento.
Actuando, en otra vertiente de “combate al envejecimiento”, están los cosméticos. La aplicación de algunas sustancias en la piel estimula la producción de colágeno, pero no todas tienen eficacia comprobada. Hay dos, sin embargo, que cuentan con resultados científicamente comprobados: la vitamina C y el silicio orgánico (también conocidos como silanoles).
El silicio y la vitamina C, de hecho, tienen mucho en común: ambos tienen mejores efectos cuando se aplican directamente en la piel que cuando se ingieren; presentan efecto reductor cuando se trata de radicales libres, colaborando en la protección de la piel; ambos están presentes en el organismo, pero sus niveles disminuyen con la edad; el dúo también mejora la hidratación de la piel.
Las investigaciones demuestran que los niveles de silicio varían en relación inversa con la edad, especialmente en las paredes arteriales y en la piel. Las arterias jóvenes, por ejemplo, tienen más silicio que las viejas.
Además de estas formas de impulsar el colágeno en el cuerpo, existen otros métodos comercializados en el mercado, a partir de bioestimuladores inyectables, que son sustancias que estimulan la producción de colágeno y, cuando se inyectan en ciertas capas de la piel, pueden ser utilizados para la reposición de volumen y disminución de la flacidez.
Uno de los bioestimuladores más conocidos en esta área es el llamado “sculptra”, que se inyecta directamente en la dermis (la segunda capa de la piel).
Sabemos, sin embargo, que la calidad del envejecimiento está relacionada con la calidad de vida a la que un organismo ha estado sometido y, en este contexto, muchos factores influyen. No es casualidad que la piel sea el espejo del cuerpo: cuando estamos cansados, mal alimentados o física y emocionalmente estresados, esto se ve “reflejado” en la cara, pues la piel reacciona negativamente. Sin embargo, sin duda una rutina saludable, la ingestión de una dieta equilibrada, la práctica de ejercicio físico, así como los debidos cuidados con la piel, ayudarán mucho en la manutención y conservación de su estructura durante el proceso de envejecimiento.









