Si hay una etapa complicada y que funciona como una prueba de paciencia para los padres, la fase de las rabietas y berrinches ocurre para que revisemos nuestros métodos de educación y reforcemos otros puntos que quizá estén quedando atrás. No debemos sentirnos culpables cuando pasamos por una situación en público, como un típico espectáculo acompañado de mucho llanto y tiradas al suelo porque dijiste que no comprarías el snack que tu hijo quiere.

Después de todo, la rabieta es la forma que los bebés y niños encuentran para expresar lo que sienten, lo que quieren y lo que no quieren y, como aún no saben lidiar con esta situación, terminan actuando como una explosión de sentimientos o de malos comportamientos como lo ven los demás. Pero todo esto forma parte de su desarrollo y será la puerta de entrada para esta nueva lección, y solo dependerá de nosotros, los padres, saber cómo enfrentar esta situación y enseñarles a afrontar esta etapa más. Enseñarles a lidiar y entender la palabra NO es el punto inicial. Aprender que no pueden tener todo lo que quieren y mucho menos en el momento que desean, también es fundamental para que consigan controlar sus emociones cuando se les contradiga, sea cual sea la situación o el ambiente. La rabieta puede formar parte del desarrollo infantil, pero también está ligada a la falta de límites impuestos por los padres. Por eso la verdadera necesidad de enseñarles para que no se conviertan en adolescentes y adultos descontrolados, sin ningún control emocional.

La sesión de rabietas y berrinches ocurre como una prueba de paciencia, para ver hasta dónde los padres se mantendrán firmes en su decisión o cederán a lo que dijeron para no pasar vergüenza en público o aguantar el llanto. Es en este momento que muchos padres terminan cometiendo un error y, para que el show termine, acaban cediendo e haciendo la voluntad del niño. Listo, consiguió lo que quería y fue más fácil de lo que imaginaba. Puedes estar seguro que la próxima vez lo hará de nuevo y otra vez y cuantas veces considere necesario para conseguir lo que quiere, ya que papá y mamá ceden cuando empieza a llorar o se tira al suelo. En vez de cortar la sesión de berrinches haciendo lo que el niño desea, ¿por qué no enseñarle que eso no es lo correcto? Que no es así como se resuelven las situaciones y mucho menos que conseguirá lo que quiere. ¿Enseñar da más trabajo que ceder a los deseos y caprichos de los niños? Créelo, la respuesta es no. La forma más adecuada de resolver y enfrentar la cuestión es siendo firme y jamás perdiendo el control de la situación. Algunos especialistas en comportamiento infantil señalan que la forma más adecuada de proceder ante esa escena es dejar que el niño se revuelque y llore cuanto quiera, sin que los padres muestren ninguna reacción, salvo ignorarlos. De este modo sentirán que no sirve de nada hacer berrinche porque los padres no harán lo que desean y la prueba de paciencia será superada.

Pero seamos sinceros, es muy difícil ver a tu hijo en el suelo, gritando, llorando y haciendo que todos a tu alrededor miren con ojos de juicio, sin que te hierva la sangre. Por eso debemos contar hasta 10, respirar hondo y actuar de la manera más coherente para resolver la situación. Ya sea ignorando la escena para que el niño se canse y pare solo, o tomando las riendas y con mucha calma (en este momento es bastante difícil) y mostrando cuán fea está siendo la actitud del niño y su comportamiento, y con una buena conversación relatarle la escena tan fea que está cometiendo y que podría haber actuado y hablado de otra manera.

Rabietas por Etapas

En la gran mayoría de los casos, las rabietas inician alrededor de los 2 años extendiéndose hasta los 5 o 6 años. Sin embargo, existen casos aislados donde este mal comportamiento comienza más temprano, en alrededor de los 18 meses de vida. Bebés que se expresan de este modo suelen tener un temperamento más fuerte, pues aún son muy inmaduros para entender ciertas reglas. A partir de los 2 años de vida, ya consiguen aceptar y seguir condiciones impuestas por los padres y responsables, donde es posible comprender cuando se les dice “no puedes gritar y llorar sin motivo” o “no puedes golpear a las personas” en el caso de un niño agresivo. Enseñar cuán importante es el diálogo y aprender a pedir lo que quieren sin llorar.

Durante el momento de la rabieta, agáchate hasta la altura del niño y habla con él. Dile por qué no puede hacerlo y explícales la razón por la que dijo no. Enséñale que a través del diálogo es posible llegar a un acuerdo y que los escándalos harán que pierda la oportunidad de expresarse como debería e incluso de conseguir lo que quiere. El castigo también es una de las formas de mostrar el mal comportamiento y hará que lo piensen antes de actuar, especialmente en la etapa de los 4 a los 6 años de edad. Mostrar quién pone las reglas es fundamental para terminar con las rabietas, pero nunca se debe abusar del autoritarismo. Después de todo, los padres deben enseñar, guiar y usar su autoridad para proporcionar educación y enseñar el mejor camino. Mostrar que toda causa tiene su efecto y que todo lo que haga tendrá su consecuencia, ya sea buena o mala. Si hace algo mal, perderá algo que le gusta temporalmente debido a sus actos. Si desordena, deberá ordenar y así sucesivamente. Puedes creerlo, la fase de las rabietas pasará y, con mucha calma y amor, la prueba de paciencia será superada. ¡Y que vengan las nuevas etapas del desarrollo infantil!

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Fotos: Andrew Steele, Eduardo Millo