Nunca olvidaré cuando recogí el resultado en el laboratorio, era el día del estreno de Brasil en la Copa. POSITIVO. Fue tan difícil aceptar y creerlo, no era el momento, acababa de mudarme a mi casa nueva y tenía tantos planes. Miguel, mi hijo, ya tenía 5 años y no pensaba en quedarme embarazada de nuevo. Pasé meses llorando, evitaba a las personas y pronto vinieron las náuseas y el malestar. Ya no me cabía la ropa y mi negación no desaparecía.
Fueron 5 largos meses y con cada movimiento, con cada cambio en mi cuerpo, mi corazón se fue enamorando de ese nuevo ser y a los 6 meses ya no podía vivir sin él. Ya formaba parte de mi vida y ya estaba incluido en mis planes. ¡Mi vida sin él no tendría el menor sentido! Con 40 semanas y 6 días, el 27 de enero de 2015, me desperté con un cólico molesto, pero como llevaba una semana sintiéndome así, ni le di importancia. Me levanté, fui al baño y salió una «baba» marrón, fea y asquerosa, parecía una babosa, jajajaja. Volví a dormir porque sé que el tapón en algunos casos puede tardar hasta una semana en desencadenar el trabajo de parto. Me desperté a las 8:30 con cólicos más fuertes que iban y venían.
Ya sentía que se acercaba, empecé a controlar los intervalos y a las 9 de la mañana estaban en 10/10 minutos. Llamé a mi marido y le pedí que viniera, él trabaja a dos horas de casa, tenía miedo por Miguel, mi hijo mayor. Los dolores eran un poco más intensos, pero el intervalo era el mismo, entre duchas y pequeñas siestas venían las contracciones, el día fue pasando y a las 9 de la noche el intervalo ya era de 6/6 minutos. Cuando terminó Felices para Siempre, jajajaja, los dolores eran de 4/4 minutos, fuertes, intensos, pero todavía se podían soportar.
Fuimos a la maternidad, llegué y enseguida me hicieron el cardiotocógrafo, el corazón de Vicente estaba débil, alternando, y la enfermera movía mi barriga para ver si aumentaban los latidos, entonces volvía. Fui atendida por el médico, hizo el tacto, cuello cerrado, contracción de 4/4 minutos, muy fuerte. Me pidió que caminara, hiciera ejercicios en la pelota y en la ducha y que me agachara durante 2 horas para ver la dilatación, en fin, hice todo y los intervalos ya no existían, el dolor venía, cerraba los ojos y solo esperaba pasar. Caminé mucho, a las 5 de la mañana rompí aguas, otro tacto y nada de dilatación, me pusieron el «suero» y ahí se puso serio, me fui a la ducha, pero ya no servía de nada, cuando salí salió más líquido pero con meconio, en ese mismo instante el médico hizo el tacto, sin evolución, se sentó y me explicó que había esperado todo lo posible, pero Vicente ya había hecho «caca» y no podía esperar más, porque su corazón ya estaba débil y con meconio era demasiado arriesgado.
Llamó a las enfermeras para prepararme para la cesárea, eso era a las 8:30 de la mañana, me prepararon y me llevaron a la sala, allí fue tenso porque la doctora pidió que no me moviera por la anestesia, pero eso era imposible con las contracciones como estaban, cuando lo logró, vino la contracción, pegué un grito y apreté la mano de la enfermera que no sé cómo no la rompí, jajaja, el dolor pasó. Vicente nació a las 9:26, bien moradito, sin llorar, lo cogieron enseguida, lo pusieron en el oxígeno y solo después de unos minutos vi a mi bebé ya recuperado. Nació con 3820 y 53 cm, un precioso. ¿Me sentí frustrada? Mucho, no logré el parto normal con el que soñaba, estuve en trabajo de parto 24 horas, pero por otro lado, la cesárea salvó a mi hijo, ahora él está aquí, lindo, perfecto, eso sí, es igualito a su padre… jajajaja, pero es lo más bonito del mundo. Qué amor loco, mi recuperación está siendo tranquila. Mi bebé mama mucho, es una delicia, estoy disfrutando cada segundo, porque será mi último bebé, esta etapa va a volar.
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Fotos: Archivo Personal