Existen ciertos episodios en la vida de los que nunca hemos oído hablar y ni siquiera imaginamos de qué se tratan, hasta que los vivimos. Este es el caso de la transfusión feto-fetal, que es una complicación que ocurre en embarazos gemelares o múltiples y genera mucha preocupación en los padres cuando se encuentran con esta situación.
El síndrome de transfusión feto-fetal, como es denominado por los médicos, es una complicación causada por la división de la misma placenta por dos bebés durante la gestación, aunque separados en bolsas amnióticas diferentes. Este cuadro también es conocido como gestación diamniótica y monocorial, que es cuando hay una sola placenta para alimentar y nutrir a los dos bebés. El gran problema se produce por el desequilibrio del flujo sanguíneo que debe dividirse y llevar sangre a ambos bebés y no siempre consigue hacer el “trabajo” correctamente, lo que acaba resultando en bebés con tamaños totalmente desproporcionados.
El paso del flujo sanguíneo ocurre a través de conexiones de venas y arterias de la placenta que están unidas a los dos bebés y ese desequilibrio convierte a uno de los bebés en el donante de sangre y al otro en el receptor, que será el bebé de mayor tamaño y con mejor desarrollo.
¿Cómo se diagnostica y existe tratamiento?
A través de la ecografía es posible analizar la cantidad de líquido amniótico de las dos bolsas, que en estos casos se detecta aumento del líquido en una y reducción en la otra. Este cuadro se denomina polihidramnios cuando la cantidad de líquido es superior a la esperada, y oligohidramnios cuando el valor es reducido. La bolsa donde se detecta el líquido por encima de lo normal es donde se encuentra el bebé más grande, también llamado receptor. En la bolsa con menor cantidad de líquido está el bebé más pequeño y menos desarrollado, también llamado donante.
Otro aspecto observado durante la realización de la ecografía es la vejiga urinaria de los bebés. El bebé más grande tiene una vejiga mayor y con una gran cantidad de líquido, a diferencia del bebé más pequeño, cuya vejiga es casi imperceptible por no contener líquido en su interior. El método de visualización de la cantidad de líquido amniótico es diferente al utilizado en un embarazo único, ya que se observa la cantidad de líquido en el bolsón vertical. Cuando la cantidad de líquido en el bolsón mide 8 cm o más se confirma el polihidramnios y cuando es menor a 2 cm, el oligohidramnios.
Con respecto al tratamiento, se aplican dos métodos para revertir la situación: la amniodrenaje seriado, que consiste en retirar el exceso de líquido amniótico del bebé denominado receptor. El procedimiento busca reducir las posibilidades de nacimiento prematuro de los bebés y puede realizarse tantas veces como sea necesario para reducir el líquido en exceso. Sin embargo, presenta riesgos para el feto, con un 15% de riesgo de parálisis cerebral en los fetos y un 66% de éxito en los resultados.
Y la fetoscopia, donde se realiza la cauterización de los vasos y arterias interconectados en los fetos. El objetivo es interrumpir el intercambio sanguíneo entre los gemelos. Presenta un 85% de probabilidades de éxito con un 4% de riesgo de parálisis cerebral en los bebés. Cuando se diagnostica la transfusión feto-fetal, es necesario realizar alguna de las técnicas mencionadas; de lo contrario, se reporta un riesgo del 100% de muerte fetal. Para obtener más información y el tratamiento adecuado, se debe consultar a un especialista en Medicina Fetal, quien realizará una evaluación completa del caso.
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Foto: Jill M







