Este es un tema que todos conocen bien, ya que en algún momento de la vida el niño pasa por esto y deja a la mamá preocupada y al borde de los nervios. La hora de las comidas se convierte en una verdadera pesadilla, llena de llantos y gritos, ¿verdad? Así que ven a entender mejor esta etapa y aprende a sufrir menos.

La disminución del apetito en los niños es algo común entre 1 y 3 años de edad, cuando empiezan a ser más selectivos y a entender sus propios gustos alimentarios. Durante esta etapa, rechazará algunos alimentos que antes aceptaba bien porque su paladar ya está más desarrollado y sabe lo que le gusta comer1. Y con estos cambios drásticos en la alimentación, es natural que ocurra una pérdida de peso. Otro motivo que puede ocasionar la falta de apetito en los niños es el malestar, por ejemplo cuando están resfriados, con gripe o con alguna infección de garganta. La salida de los dientes también causa molestias e interfiere en el apetito de los niños2, pero la buena noticia es que todo vuelve a la normalidad en cuanto desaparecen las molestias.

Otro factor que influye en el apetito, no solo en los niños sino también en los adultos, es el calor excesivo, que produce esa sensación de flojera, desánimo y ganas de no hacer nada. En ese caso, es importante ofrecer muchos líquidos para una buena hidratación y alimentos más ligeros, ya que el niño no consigue alimentarse normalmente.

¿Qué debo hacer si mi hijo no tiene apetito?

Normalmente, la falta de apetito está relacionada con horarios inadecuados de comida. Por ejemplo, entre el desayuno y la comida, el niño va y pica galletas o dulces. Obviamente, a la hora de la comida no tendrá hambre. Por lo tanto, evita que el niño coma entre las comidas principales.

Por supuesto, si el niño no desayunó debe comer cuando lo pida, aprovechando su hambre y ganas de comer. Otro punto fundamental es no gritarle ni obligarle a comer cuando no quiera. El niño no se enfermará si se salta alguna comida. No conviertas la hora de comer en un momento de discusiones y estrés para ambos, porque eso pondrá nervioso al niño y perderá el apetito.

Ofrece alimentos saludables y que a tu hijo le gusten, además de abundantes líquidos durante el día como agua, leche, infusiones y zumos, previniendo casos de deshidratación3.

Si al niño le gustan las sopas y caldos, aprovecha para cocinar sus platos favoritos e intenta así vencer la falta de apetito. En general, esta etapa suele pasar rápidamente como todas las demás y solo debes preocuparte si hay demasiada pérdida de peso, si el niño está decaído, somnoliento, amarillento o sin ganas ni siquiera de jugar. Entonces se debe consultar a un médico para comprobar si le falta alguna vitamina como el hierro o el calcio, por ejemplo, que pueden ser repuestos con suplementos. Por supuesto, algunos análisis pueden ser pedidos por el pediatra para un diagnóstico exacto.

Consejo casero para la falta de apetito: licúa media zanahoria y media remolacha con un vaso de leche o un vaso de zumo de naranja, cuela y ofrece entre las comidas. Endulza si es necesario, intentando usar azúcares como el demerara o el azúcar moreno. Incluso se puede usar miel. El zumo de zanahoria es un excelente remedio natural para la falta de apetito en los niños.