Cuando hablamos de várices, enseguida pensamos en las várices en las piernas, que es la zona más común donde suelen aparecer. Pero también pueden surgir en otras áreas, como en la zona de los testículos del hombre, denominándose varicocele, o en el área pélvica, afectando los ovarios, las trompas y el útero de la mujer, llamándose várices pélvicas.

El problema de las várices pélvicas, además de dificultar el flujo normal de la sangre al corazón, puede provocar crisis de dolores intensos en la parte baja del abdomen o bajo vientre y dolor muy fuerte durante el acto sexual y especialmente después. El dolor suele aparecer también antes y después del período menstrual y también tras largos períodos en los que la mujer permanece de pie. Esto ocurre debido a la dilatación de las venas alrededor de los órganos situados en la pelvis, que cuando son numerosas comienzan a provocar síntomas tan intensos y frecuentes.

El principal motivo de la aparición de las várices pélvicas es el factor genético, y en mayor medida durante el embarazo debido al peso del bebé sobre las venas de la pelvis. Otras zonas donde también pueden aparecer várices son la vulva, los glúteos, las piernas y la zona genital, y con los cambios y aumento hormonal el problema tiende a intensificarse. El segundo motivo es la alta compresión que resulta en obstrucción venosa, donde la vena renal se ve totalmente comprimida por la arteria mesentérica superior. Algunas síndromes están fuertemente relacionadas con la aparición de várices pélvicas, como es el caso del síndrome de May-Thurner y el síndrome de Cockett, que a diferencia del anterior comprime la vena ilíaca contra la columna y, además de las várices pélvicas, provoca síntomas como hinchazón y trombosis en la pierna izquierda.

No siempre los síntomas son tan evidentes como para preocuparse o pensar que se trata de várices pélvicas, pero en caso de dolor abdominal o bajo vientre constante, similar a cólicos fuertes, principalmente causando molestias durante el acto sexual, se debe acudir a un médico para su evaluación. El diagnóstico se realiza a través de una ecografía transvaginal, en la que se evalúa toda la zona pélvica con el aparato de imagen y se observa la presencia de venas fuera de lo habitual. El uso del ultrasonido Doppler también es válido, ya que permite ver el flujo de sangre en las venas y comprobar su funcionamiento. Si se detecta alguna alteración, el médico pedirá exámenes complementarios para detallar el problema, tales como una angioresonancia, una angiotomografía o una flebografía.

Tratamiento para las Várices Pélvicas

El tratamiento solo se indicará e iniciará tras la realización de las pruebas complementarias que determinan la causa de las várices pélvicas. Solo conociendo la causa del problema es posible elegir el tratamiento adecuado y los medicamentos necesarios para resolverlo. Normalmente, el tratamiento se realiza a base de hormonas como la progesterona, que ayuda a disminuir la ovulación y también el flujo sanguíneo dentro de las venas pélvicas. Si el tratamiento hormonal no tiene éxito, puede ser necesaria una intervención quirúrgica.

Dejando atrás aquellas cirugías totalmente invasivas y que requerían cortes para acceder a las venas obstruidas, hoy se realizan de forma menos agresiva mediante un catéter, también conocida como cirugía endovascular. Se realiza una punción con una aguja en la vena femoral, localizada en la ingle o el cuello. A través de la vena femoral se introduce un catéter suficientemente largo para llegar y localizar el foco del problema. El especialista puede seguir todo el recorrido del catéter mediante un equipo de imagen en tiempo real. Con el mismo catéter es posible corregir el problema de las venas que no funcionan bien, utilizando un pequeño resorte, un medicamento esclerosante o un pegamento biológico.

En algunos casos puede indicarse la angioplastia, donde se coloca un stent en las venas comprimidas, mediante la apertura con un balón. El stent es una pequeña tubería de acero o nitinol cuya función es mantener la vena abierta para que el flujo de sangre circule normalmente. Ambos procedimientos pueden realizarse con anestesia local o general según necesidad y decisión médica. Si tienes dolores abdominales y flujo menstrual anormal, puedes estar sufriendo este problema. Busca un médico y describe tus síntomas, un diagnóstico temprano puede marcar la diferencia en el tratamiento.

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Fotos: Khrisna Susanto