Imagina que tienes que salir de casa, pero, justo al despertar, te das cuenta de que tienes grandes manchas rojas en el rostro. Intentas disimular con maquillaje y enfrentas tu rutina, pero aun así, en el sitio donde estudias o trabajas, notas que todos miran el enrojecimiento de tu cara. Quien tiene acné ya ha pasado por esto literalmente en su piel, pero este no es el único factor que hace que algunas personas no logren mirar a los demás a los ojos con seguridad. La rosácea también es una gran villana cuando se habla de condiciones cutáneas que afectan la autoestima, impactando profundamente la vida social y familiar de la persona.
- Características de la rosácea
- Tipos de rosácea
- La importancia de la limpieza y la hidratación
- Otros aspectos del cuidado facial en personas con rosácea
Características de la rosácea
La rosácea es una enfermedad relativamente común, algo problemática y difícil de controlar. Es multifactorial: involucra una serie de cuestiones como predisposición genética, anormalidades del sistema inmunológico y disfunción neurovascular (es decir, afecta la red de vasos sanguíneos que irriga el sistema nervioso central), además de elementos que pueden desencadenar su aparición. La rosácea es crónica y tiene una amplia distribución mundial (5% de afectados, globalmente), predominando en poblaciones de fototipos bajos (piel clara y muy clara), aunque puede afectar también a diferentes etnias. Se observa una ligera prevalencia en mujeres y, aunque afecta tanto a niños como a personas mayores, el rango de edad más frecuente es entre 30 y 60 años. La rosácea ya fue apodada “acné rosácea” y confundida con el acné. Realmente ambas tienen similitudes, como las lesiones, el patrón irregular en la piel, los granitos y la presencia de pus, en algunos casos. Ambas también suelen responder bien al tratamiento con antibióticos. Pero las semejanzas entre ambas terminan ahí: la rosácea es diferente del acné, especialmente porque no hay comedones – los famosos puntos negros, es decir, esa obstrucción de los poros por queratina y sebo– ni una oleosidad aumentada. Esto es importante porque los productos para pieles con acné suelen ser irritantes y demasiado secantes, es decir, no son adecuados para quienes tienen rosácea.
- Cuando los queratinocitos migran hacia la superficie de la piel, se van separando y transformándose en queratinocitos muertos – a este proceso se le llama “queratinización”. Este conjunto de queratina (también conocido como corneocitos) compone la barrera córnea;
- Además de los corneocitos (que contienen entre 70-80% de queratina), esta barrera está formada por un 20% de lípidos (ceramidas que preservan la piel) y un 15% de agua, responsables de proteger el medio interno de la pérdida de agua, regulando la hidratación;
- El factor de hidratación natural o Natural Moisturizing Factor (NMF), que está dentro de los corneocitos, está formado por sustancias que absorben agua, y es esta agua la que queda retenida en el estrato córneo;
- El agua que viene de la dermis, pasa por la capa córnea hasta la superficie de la piel, donde se evapora, y refleja el equilibrio entre el contenido de agua en la epidermis y la humedad del ambiente;
- Así, la rosácea aparece por esta barrera cutánea alterada, con un aumento de esa TEWL, provocando la deshidratación de la piel. El flushing (enrojecimiento y calor) ocurre fácilmente, así como escozor, sensación de pinchazo y picor.
Esta barrera está recubierta por lo que en dermatología se llama “film hidrolipídico”, una mezcla de sudor y sebo, levemente ácida, que evita la deshidratación.
La retención de agua en el NMF, a través de los lípidos y del film hidrolipídico, representa la llamada “hidratación estática de la piel” (o agua estática), porque no circula por la piel.
Este proceso es conocido como pérdida transepidérmica de agua (TEWL, de su nombre en inglés “transepidermal water loss”) e indica la hidratación dinámica de la piel, o agua dinámica (porque circula por la piel).
La rosácea afecta los vasos sanguíneos y las glándulas sebáceas, principalmente en la zona central del rostro (nariz, mejillas, frente y barbilla). Zonas con mayor tendencia a daño solar, como las orejas, el cuero cabelludo, el cuello o la parte superior de la espalda también pueden presentar lesiones.
Los especialistas en el área suponen que existe una gran tasa de subnotificación de rosácea. Esto se debe a que solo en los casos más graves las personas buscan atención médica, así que los casos menos severos no serían reportados.
Tipos de rosácea
En 2002, la Sociedad Nacional de la Rosácea creó un sistema de clasificación para esta condición, con el objetivo de uniformar el diagnóstico de la enfermedad. Dicho sistema está dividido en características primarias y secundarias, y con la presencia de una o más características primarias ya es posible obtener un diagnóstico positivo. En cuanto a las características secundarias, estas pueden o no estar presentes y en algunos casos aparecen de forma aislada. Sin embargo, la combinación de dos o más signos secundarios no es suficiente para el diagnóstico.
- Subtipo I o rosácea eritemato-telangiectásica (ETR) – Es considerado el más común. En él se evidencia una piel de textura fina, con un golpe de calor, seguido de enrojecimiento, que puede durar más de 10 minutos y/o enrojecimiento facial central persistente, normalmente acompañado de escozor o ardor.
- Subtipo II o rosácea pápulo-pustulosa (PPR) – Es la que se muestra como la rosácea clásica. Por lo general, ocurre en mujeres de mediana edad. Se caracteriza por bultitos pequeños y granos en la piel con pus, distribuidos también en la zona central del rostro, cerca de las cavidades nasales, de los ojos y alrededor de la boca. En casos más graves puede evolucionar a una hinchazón crónica (edema facial).
- Subtipo III o rosácea fimatosa (PhR) – Es la forma predominante en hombres (especialmente mayores de 40 años), considerándose la etapa más grave. Se caracteriza por una piel gruesa con nódulos inflamatorios que aumentan el tamaño de la nariz, aunque puede suceder en cualquier región sebácea del rostro (como orejas, párpados, mentón y mejillas).
- Subtipo IV o rosácea ocular – Según indica la Sociedad Nacional de la Rosácea, esta etapa se describe por síntomas como ojos llorosos o rojos, ardor o escozor, sequedad ocular, picor, fotosensibilidad y visión borrosa. Es el subtipo más reportado por los oftalmólogos, con tasas de incidencia del 6% al 72%.
Los pequeños vasos sanguíneos dilatados son comunes, pero no son necesarios para el diagnóstico de ETR. La piel alrededor de los ojos normalmente no se ve afectada. El flushing puede ser causado por factores como estrés, ejercicio, clima caliente o frío e incluso duchas calientes.
Los vasos dilatados son menos comunes que en el subtipo I, al igual que el rubor es menos frecuente y menos intenso. Una hinchazón cerca de la zona ocular puede ser un primer síntoma de este subtipo.
Estos nódulos, al presionarse, liberan una sustancia pastosa, compuesta por células y microorganismos.
Entre los síntomas de la rosácea ocular están también la sensación de cuerpo extraño en el ojo y pequeños vasos rojos en la conjuntiva (que es una membrana mucosa, fina y transparente que recubre la parte blanca del ojo y también internamente los párpados), además de enrojecimiento en los párpados y alrededor de los ojos.
Estos síntomas en los ojos normalmente aparecen antes que los signos en la piel, pero también pueden ocurrir simultáneamente. Así, cuando se presente alguna molestia ocular, quien tenga rosácea debe ser derivado también a un oftalmólogo, ya que esto garantiza un menor riesgo de pérdida visual. La rosácea ocular afecta por igual a ambos sexos. Además de estos subtipos, existen aún dos variantes (consideradas raras):
- Rosácea granulomatosa – Caracterizada por nódulos duros de color rojizo, que pueden convertirse en cicatrices en los casos más graves. Varían de tamaño y se sitúan en la parte superior del rostro, alrededor de los ojos y la nariz, y también en el cuello.
- Rosácea fulminante – Muy severa, aparece de forma repentina en mujeres jóvenes (por lo general entre los 15 y 46 años), en forma de nódulos e irregularidades en la piel llenas de pus, con formación de quistes.
La importancia de la limpieza y la hidratación
No existe cura para la rosácea, pero en la actualidad hay diferentes maneras de aliviar sus síntomas, haciendo que las crisis sean menos frecuentes y dolorosas. Lo ideal es mantener la piel en el mejor estado posible, con una rutina disciplinada de cuidados. En primer lugar, se debe tener en cuenta la sensibilidad a los cosméticos, ya que existen muchas fórmulas que resecan e irritan la piel propensa a rosácea. Esto sucede posiblemente como resultado de la barrera cutánea debilitada o incluso por una hiperreactividad vascular (la responsable de la dilatación de los “vasitos”).
La sensibilidad puede aumentar no solo por la exposición a muchos productos de higiene, sino también por la manera en la que se “manipula” la piel.
Sobre la limpieza, los productos más indicados por los especialistas suelen ser los syndets (jabones fabricados a partir de componentes sintéticos y no de jabón tradicional) o las lociones limpiadoras, porque tienen menor potencial de irritación. Ambos, además, depositan componentes beneficiosos en la piel, aunque el contacto durante la limpieza y el enjuague sea breve. Para considerarse óptimo para quienes tienen rosácea, el limpiador debe remover suciedad, exceso de grasa, contaminantes ambientales y bacterias perjudiciales de la piel, sin alterar o eliminar lípidos, proteínas y la flora normal cutánea.
Otro aspecto a tener en cuenta es que el potencial de irritación de un limpiador puede aumentar si se deja más tiempo en la piel.
Cualquier tipo de tónicos, abrasivos y astringentes que contengan alcohol, mentol, alcanfor, aceite de eucalipto o similares, fragancias y parabenos en su composición deben evitarse. También se desaconseja la exfoliación. Otro punto crucial de esta rutina es la hidratación, ya que incrementa el contenido de agua en la piel. Los hidratantes contienen lípidos que suavizan y restauran la elasticidad y la llamada “homeostasis” de la piel – la propiedad que no solo la piel, sino todo el organismo tiene de mantenerse en equilibrio incluso ante cambios drásticos en el entorno. Todo este contexto evitaría así la pérdida transepidérmica de agua. Sustancias como ceramidas, ácido hialurónico y niacinamida son famosas por sus efectos beneficiosos en ese sentido. Otros cuidados generales que también deben enfatizarse, ya que pueden marcar la diferencia en el día a día de quienes tienen rosácea, son:
- Hidratación del organismo – La deshidratación puede aumentar y también actuar como desencadenante de procesos inflamatorios en las células y, por ende, en las capas de la piel.
- Reducción de los niveles de estrés – Ya se sabe que el estrés afecta a la piel y quienes tienen rosácea, por supuesto, no están libres de sufrir un empeoramiento a causa de momentos de tensión. Como alternativa se recomienda realizar ejercicio moderado, como caminar, y dormir al menos siete horas al día.
- Para los hombres que tienen rosácea, generalmente se orienta usar una máquina de afeitar eléctrica en lugar de cuchilla, para evitar un poco más la fricción y la agresión en la piel.
Otros aspectos del cuidado facial
Quien tiene algo visible y crónico en la piel, como la rosácea, entiende que a veces la apariencia facial se convierte en un estado emocional. Funciona así: la persona se siente bien si su piel está bien y sufre, digamos, una gran bajada de ánimo cuando la enfermedad empeora. En los momentos de crisis, sin embargo, es importante tener en mente que no existe una piel estándar, ideal y perfecta, libre de poros, irregularidades, elevaciones y zonas rojas, solo por citar algunos ejemplos. Así, nadie debería someterse a lo que otros consideran estéticamente aceptable o deseable en la apariencia facial. Otra forma de superar esos momentos más difíciles es recurrir al “arsenal” cosmético que existe actualmente, adaptando el uso de productos para aliviar los signos de la enfermedad. Sin embargo, es preciso señalar que una rutina de skincare orientada a este tipo de problema debe basarse en la simplicidad. Y esto no solo en relación con el número de productos, sino con las fórmulas.
Así, los cosméticos deben contar con pocos ingredientes, siendo productos con ácido hialurónico, aloe vera, niacinamida y aguas florales siempre bienvenidos.
La protección solar es también un punto crucial en esta rutina, ya que su función esperada es asegurar el nivel de fotoprotección y reducir los síntomas – fácilmente provocados por la exposición solar, ya que la propia radiación UV es un factor desencadenante. La idea es aplicar diariamente un producto con factor de protección solar (FPS) alto (50+). También es recomendable que sea lo suficientemente fluido para esparcirse suavemente por el rostro.
Por su formulación simple y eficaz, los filtros físicos o minerales con titanio y óxido de zinc (aquellos que dejan una capa blanca sobre la piel) son los más indicados, aunque no siempre son los que mejor se adaptan a nivel estético, ya que no todo el mundo quiere usarlos en la cara.
El agua termal, que se puede aplicar justo después de la limpieza, es decir, antes de la hidratación, es otro producto muy recomendado por los dermatólogos, ya que muchas de ellas tienen efectos calmantes, antiinflamatorios e incluso cicatrizantes. Una rutina de skincare matutina podría constar, por ejemplo, de los siguientes pasos:
- Limpieza;
- Tónico calmante (puede ser un agua floral) y/o agua termal;
- Hidratante ligero;
- Protector solar.
En las rutinas nocturnas de skincare, generalmente se hace limpieza, tonificación e hidratación, estando más concentrada en activos antiedad. Sin embargo, cuando se trata de rosácea, hay que prestar atención a algunos componentes con función rejuvenecedora como el retinol, el ácido glicólico y el ácido salicílico. Aunque no se consideren excesivamente irritantes, por lo general se desaconsejan.
Es importante destacar que en una piel inflamada, se debe evitar cualquier fricción, que acentúa el enrojecimiento y hace que el gesto del maquillaje sea incómodo para la piel. Así, tanto la aplicación como la retirada deben hacerse con suma suavidad.










