La vida de madre no es fácil y nadie dijo que lo sería, ¿verdad? Cada tanto aparece una nueva sorpresa, y no siempre es agradable de recibir, como es el caso de la roséola infantil. ¡Tu bebé está bien, jugando y de repente lo notas febril, débil y decaído! Listo, tiene fiebre, ¿y por qué será?
La roséola infantil se considera una de las enfermedades inofensivas que afectan a los pequeños y suele manifestarse a través de fiebre antes incluso de que aparezcan las erupciones. Ocurre con mayor frecuencia en bebés alrededor de los 6 meses y puede aparecer hasta los 3 años de edad, siendo más común a los 2 años. La enfermedad también es conocida como exantema súbito o sexta enfermedad, ya que se trata de otro tipo de herpes, en el caso de la roséola causada por el virus humano tipo 6 (HHV-6) o, en casos más raros, por el virus del herpes tipo 7.
La enfermedad se transmite a través del contacto directo entre niños, por el aire, secreciones e incluso la saliva si se comparten objetos personales como un vaso o juguetes que llevan a la boca. Como es una infección cuyo primer síntoma es la fiebre, puede ser más difícil de diagnosticar en los primeros días. Las erupciones de color rosado empiezan a surgir solo después de unos 4 a 5 días de fiebre constante y solo aparecen cuando la fiebre desaparece.
Síntomas y Tratamiento de la Roséola Infantil
El principal síntoma de la roséola infantil es la fiebre, que es la alarma inicial para avisar a los padres que algo no va bien en el organismo de su bebé. El periodo de incubación de la enfermedad es de 5 a 15 días, por eso es más complicado saber e identificar dónde el bebé tuvo contacto con otro niño infectado ya que los signos en la piel solo aparecen después de un tiempo. Los síntomas característicos son:
- Fiebre alta y repentina – Se mantiene entre 38 y 42 grados y de forma continua. Puede durar hasta 4 días y desaparecer de manera instantánea.
- Leve diarrea y falta de apetito – es común que el bebé esté más decaído, con menos ánimo y sin sentir hambre durante este periodo.
- Erupciones rosadas – Cuando la fiebre comienza a cesar, pequeñas manchas rosadas empezarán a aparecer en el cuerpo del bebé. Principalmente en la zona del tronco y del cuello y comienzan a desaparecer hacia las extremidades del cuerpo.
Como el pediatra no podrá diagnosticar justo el día en que aparece la fiebre, se pedirá que el bebé sea observado hasta que deban aparecer las manchas, como precaución. Si la fiebre no desaparece y las manchas no aparecen como se espera entre los síntomas de la roséola infantil en los próximos 3 o 4 días, se debe acudir nuevamente al pediatra para una nueva evaluación.
Como en todos los casos de infecciones virales, no existe tratamiento específico, salvo para aliviar o atenuar los síntomas más molestos. En los días de fiebre alta, lo mejor es hidratar bien al bebé ofreciéndole muchos líquidos. La administración de medicamentos antitérmicos en caso de temperatura muy alta también está recomendada y cabe recordar que se necesitará mucha paciencia, ya que durante este proceso el bebé estará más irritable y llorón. Normalmente la roséola no causa picazón, sin embargo, si el síntoma ocurre, el pediatra puede recetar el uso de pomadas antihistamínicas para disminuir la molestia.
Para controlar la temperatura corporal, opte por baños tibios, ropa cómoda y ligera, además de evitar el uso de mantas y cobijas incluso en épocas frías. La roséola infantil desaparecerá tal como apareció, sin embargo, el niño no debe tener contacto con otros niños durante este periodo por tratarse de una enfermedad contagiosa. Por eso, no se recomienda que siga yendo a la guardería o preescolar hasta que todos los síntomas desaparezcan.
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Foto: Tom Simpson, Bethany Petrik







