Nosotros como padres solemos decir que conocemos muy bien a nuestros hijos, cuando están tristes, angustiados por algo, ansiosos o eufóricos por alguna razón. Sin embargo, existen ciertas circunstancias en las que los niños se cierran y ni la madre ni el padre más observador consiguen descubrir qué les pasa. Este hecho puede durar mucho tiempo y generar trastornos aún mayores si no se resuelve lo antes posible, y para eso sirve la terapia infantil, para ayudar a solucionar los problemas “internos” de los niños.

El amiguito del colegio lo está rechazando, la profesora no lo trata con el mismo cariño que a los demás compañeros, la madre está trabajando demasiado y el niño la echa de menos o la pérdida de un ser querido le ha traído una tristeza infinita. Estos son algunos de los motivos recurrentes en las consultas de terapia infantil y que para muchos padres pueden parecer tonterías y que se resolverán con el tiempo. Pero no siempre el tiempo y la “terapia de los padres” logran resolver la cuestión y hacer que el sentimiento que está doliendo y molestando desaparezca o simplemente conseguir digerir la situación.

Claro que existen niños que consiguen lidiar mejor con sus sentimientos y con una conversación bien explicativa de la situación logran comprender y resolver aquello que tanto les incomoda o les duele. Pero también existen aquellos que no consiguen expresarse ni asimilar ciertas situaciones y mucho menos decir lo que pasa, de hecho, ni siquiera ellos mismos logran entender el sentimiento que les duele tanto ni por qué existe. Son situaciones que marcan su inconsciente y pueden reflejarse en su comportamiento en casa, en la escuela y en algunos casos hasta en su salud física.

La atención en la terapia infantil tiene el objetivo de resolver los conflictos internos de los niños para que no lleguen a la etapa adulta. A través de actividades lúdicas, el niño podrá expresar sus sentimientos y sus miedos más intensos e internos. Con la ayuda de los padres junto con la terapia, las posibilidades de que el niño sufra los mismos problemas en la adolescencia o en la adultez son casi nulas, claro, cuando el tratamiento se inicia desde los primeros signos de que algo no va bien. Por eso, el tratamiento precoz hace toda la diferencia en los resultados de la terapia.

Principales Señales para Derivar a Terapia Infantil

Por supuesto, no todo llanto o drama infantil significa que hay una indicación para terapia infantil. Cada caso debe ser analizado y el comportamiento del niño observado, normalmente la propia profesora nota algunas señales distintas y llama a los padres para conversar sobre el comportamiento actual del niño en la escuela o en casa notas que el niño está más callado, más sensible o incluso más agresivo y se niega a decir lo que está sintiendo. Niños con crisis de llanto intensas, incluso negándose a realizar actividades que antes hacía con tanta alegría, como por ejemplo, ir al colegio, pueden tener algo que no va bien. Dificultad de aprendizaje escolar así como comportamiento agresivo con sus compañeros, negarse a estar cerca de una persona específica o mostrar miedo a una persona, son señales que deben ser evaluadas minuciosamente.

Otras señales de que algo va mal son que el niño retroceda y comience a hacerse pis en la cama, tenga pesadillas constantemente y muestre una gran necesidad de estar cerca de los padres, incluso pidiendo repetidamente dormir acompañado cuando ya estaba acostumbrado a dormir en su propio cuarto o cama. Niños que presentan ansiedad excesiva, irritabilidad y agitación fuera de lo normal son reflejo de lo que sienten por dentro y por eso necesitan ayuda.

Con toda la preparación y vocación que tiene un terapeuta infantil es posible crear un ambiente acogedor donde el niño se sienta seguro para jugar y hacer actividades sin preocupación. Será evaluado sin notarlo y se obtendrán las informaciones necesarias de manera suave, sin presión ni exigencias. El terapeuta infantil tiene una manera especial de trabajar con niños, con su habilidad logra hablar y dirigir el tema y de esta manera encontrar el foco del problema y orientar a los padres sobre el proceso y tratamiento necesario para ayudar a su hijo.

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Fotos: Paula Ferrari, Tiago Celestino