Mucho se habla sobre la importancia de un buen seguimiento médico durante el periodo del embarazo. Mantenerse al día con los exámenes prenatales, conocer los riesgos y atender las recomendaciones son medidas que garantizan el éxito de una gestación. Sin embargo, no siempre las cosas salen como nos gustaría y, entre tantos exámenes y con tantos profesionales involucrados, puede existir el riesgo de que la mujer sufra algún tipo de violencia obstétrica y, lo peor, ni se dé cuenta de que ha sido víctima de violencia.a0
Sí, todos debemos tener cierta tolerancia al dolor y las incomodidades. Y una mujer que decide vivir un embarazo sabe que no todo será sencillo. Pero, ¿y si la incomodidad sobrepasa los límites? ¿Cómo identificarlo y qué hacer?
Por eso aquí trataremos en detalle el término conocido como «violencia obstétrica», definiendo algunas características que pueden ayudar a identificar este problema, que causa tanto sufrimiento. Cuanta más información tengamos sobre el tema, mejor, ¿verdad? Así que acompáñanos hasta el final de nuestro artículo para saberlo todo al respecto.
- ¿Qué es la violencia obstétrica?
- ¿Cómo identificar una violencia obstétrica?
- ¿Qué medidas tomar en caso de ser víctima de violencia obstétrica?
- Caminos para prevenir la violencia obstétrica
¿Qué es la violencia obstétrica?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define violencia como el uso intencional de fuerza física o poder, ya sea amenaza o real, contra uno mismo, otra persona, o contra un grupo o comunidad, que resulte o tenga una gran probabilidad de resultar en herida, muerte, daño psicológico, mal desarrollo o privación.
Siguiendo ese razonamiento, la violencia obstétrica es precisamente la sufrida por una mujer, al buscar los servicios de salud durante el embarazo, el parto o el seguimiento posparto. El abuso o maltrato hace referencia al tipo físico o psicológico y puede acabar transformando la experiencia de la maternidad en algo traumático para la mujer y para el bebé.
Es importante destacar que este tipo de violencia no necesariamente es cometida solo por médicos ni está limitada a ellos. Cualquier persona ligada al sistema de salud y responsable del acompañamiento de la gestante puede ser un agente de violencia.
¿Cómo identificar una violencia obstétrica?
Cuando hablamos de violencia, es común imaginar que se trata únicamente de agresiones físicas, insultos o gritos. Pero no es así. La violencia puede venir muy disfrazada y ser casi imperceptible, especialmente si la mujer es convencida de que necesita pasar por todo eso y que ciertos procedimientos son normales. A esto se suma su estado de vulnerabilidad, y el escenario se vuelve perfecto para que ciertas agresiones ocurran.
En general, los tipos de violencia obstétrica incluyen:
- Abuso físico;
- Abuso sexual;
- Abuso verbal;
- Discriminación basada en edad, etnia, clase social o condiciones médicas;
- No cumplimiento de los estándares profesionales de cuidado;
- Mala relación entre la gestante y el equipo médico;
- Malas condiciones del sistema de salud.

De forma más específica, las situaciones que pueden caracterizar la violencia obstétrica también pueden incluir intervenciones médicas forzadas, prácticas invasivas, desconsideración de las necesidades y dolores de la mujer e incluso la realización de procedimientos médicos innecesarios.
Esta es una cuestión delicada, pues realmente necesitamos confiar en la palabra de los médicos. Ellos son quienes tienen el conocimiento y la experiencia obstétrica. Sin embargo, también debemos conocer los procedimientos que se van a realizar y pedir aclaraciones sobre su utilización.
Este es un derecho de la gestante: tener toda la información necesaria sobre lo que será hecho en su cuerpo. Hay muchos casos en que se aplican procedimientos que podrían haberse evitado, o en los que podrían haberse encontrado alternativas más cómodas para la mujer, si ella hubiera sido consultada y no solo informada.
Por supuesto, de forma aislada, es difícil juzgar si un procedimiento fue o no abusivo. Sin embargo, la gestante debe estar atenta a algunas situaciones que pueden llegar a desembocar en violencia obstétrica:
- No ofrecer medicación para el dolor – como dijimos, la mujer está preparada para soportar cierto dolor, especialmente en el momento del parto. Sin embargo, es su derecho tener acceso a métodos de alivio. Si esto le es negado, o si sus quejas no son escuchadas, puede considerarse como violencia.
- Impedir que la mujer grite o se mueva – en el momento del parto, gritar trae alivio e incluso ayuda a soportar las contracciones. En el parto normal, la mujer debe estar en una posición que sea cómoda para ella y debe haber un consenso con el equipo médico al respecto. Mandar a una mujer a quedarse callada, prohibirle expresarse, gritar, o incluso atar las piernas y brazos de la gestante para impedirle encontrar la mejor posición, son formas de violencia.
- Restricción innecesaria de alimentos y bebidas – obviamente, la mujer sabe que su dieta en las horas previas al parto será limitada. Sin embargo, la práctica de ayuno absoluto es antigua y ya no cuenta con respaldo médico. Someter a la mujer a un ayuno innecesario y privarla de agua y alimentos puede ser una actitud abusiva.
- Lavado intestinal – en algunos casos, puede ser recomendable el lavado intestinal antes del parto, pero esta práctica, además de ya no ser recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), jamás debe hacerse sin el consentimiento de la gestante. Así, realizar dicho procedimiento sin su permiso es una violencia obstétrica.
- Procedimientos médicos cuestionables – como dijimos, la última palabra sobre la aplicación de un procedimiento debe ser del médico. Sin embargo, el uso de estos sin consentimiento o de forma indiscriminada puede terminar en violencia obstétrica.
La episiotomía, por ejemplo, que es el corte entre la vagina y el ano para facilitar la salida del bebé, se ha vuelto un procedimiento rutinario, realizándose muchas veces sin la debida evaluación o necesidad. Después de este procedimiento, a veces la incisión es suturada con el llamado «punto del marido» – realizado para estrechar la entrada de la vagina, proporcionando más placer al compañero, pero más incomodidad para la mujer.
Además de estos procedimientos, también existe el uso excesivo de la oxitocina sintética (utilizada para acelerar la dilatación), pero que también intensifica el dolor de la gestante. Y está aún la maniobra de Kristeller, que consiste en presionar la parte superior del útero para acelerar la salida del bebé. Estas prácticas pueden causar traumas tanto en la madre como en el bebé.
La lista de situaciones que pueden resultar en violencia obstétrica es amplia, incluyendo también:
– la negativa de admisión en hospital o maternidad;
– la prohibición de la entrada de un acompañante;
– la negativa a aclarar las dudas de la paciente;
– tactos sucesivos y realizados por varias personas;
– dejar a la mujer desnuda y sin comunicación;
– rasurar el vello púbico;
– separar a la madre y al hijo después del nacimiento, solo por conveniencia de la institución sanitaria;
– impedir o dificultar la lactancia materna en la primera hora;
– romper artificialmente la bolsa como procedimiento de rutina;
– realización de cesáreas innecesarias, sin el consentimiento de la mujer o solo por conveniencia del médico.
¿Qué medidas tomar en caso de ser víctima de violencia obstétrica?
La violencia obstétrica puede ser difícil de identificar. Así, muchas veces termina siendo ignorada, ya sea por desinformación, por la vulnerabilidad del momento, o incluso por la falta de ánimo para seguir adelante con una denuncia.
Muchas mujeres, además, solo se dan cuenta años después de que sufrieron abuso durante su parto. Si te das cuenta de que fuiste o estás siendo víctima de violencia obstétrica, hay algunas medidas prácticas que puedes tomar:
- Reúne información: la gestante debe tener acceso a su historial médico y toda la información relativa a los procedimientos realizados o que se vayan a realizar. También es importante hablar con las personas que presenciaron lo ocurrido, para tener otros relatos que refuercen el tuyo.
- Busca apoyo psicológico: Realizar una denuncia puede ser un proceso tan desgastante como la propia violencia sufrida. Existe el riesgo de que la mujer no sea tomada en serio, justamente por su estado de vulnerabilidad. Por eso, antes de hacerlo, es importante que la gestante cuide de sí misma y se recupere del trauma sufrido. El proceso terapéutico ayudará a ver los hechos con más claridad y dará a la víctima la fuerza necesaria para seguir adelante.
- Busca asesoría jurídica: La falta de conocimiento de las leyes impide que muchas mujeres tanto reconozcan como denuncien estos hechos. Ser tratada con dignidad y respeto no es un favor, es un derecho de la gestante. Por eso, además de reunir pruebas y documentación, es fundamental buscar también orientación jurídica y respaldar su experiencia con las leyes. La negativa de admisión en hospital o maternidad, por ejemplo, vulnera la Ley 11.634/07, así como la prohibición del ingreso de un acompañante es contraria a la Ley 11.108/2005. Contar con esta información es esencial y, sin duda, un abogado sabrá llevar el caso de la mejor forma.
- Busca los organismos competentes: Existen varios canales de denuncia que pueden ser utilizados si una mujer quiere reportar la violencia sufrida. Está, por ejemplo, la oficina de quejas del propio hospital donde fue atendida, o la Secretaría de Salud (municipal, estatal o regional). Otra opción es acudir a los consejos de las respectivas profesiones (Colegio Regional de Medicina-CRM, en el caso de médicos, o Colegio Regional de Enfermería-COREN, en el caso de enfermeros o técnicos). Todos estos organismos pueden y deben ser contactados.
También es posible denunciar a través del número 180, que es el Centro de Atención a la Mujer, y el número 136 (Salud Responde). Igualmente, se puede acudir a la Comisaría de la Mujer – si existe en tu municipio – o incluso a una comisaría común.
Caminos para la prevención de la violencia obstétrica
Nadie en el mundo merece estar en circunstancias que impliquen humillación, dolor y vergüenza. Una mujer en trabajo de parto ya está lo suficientemente vulnerable como para además tener que enfrentar situaciones de violencia. Los daños y traumas generados en el parto pueden durar años, e incluso existen estudios que relacionan la depresión posparto con experiencias de violencia obstétrica. Para evitar en lo posible que una mujer pase por estos momentos, hay algunos caminos a considerar:
- Mantén una buena comunicación con tu médico
Esto es esencial en cualquier relación y, en lo que respecta al equipo médico, debe haber una vía de doble sentido: el equipo debe mantener informada a la gestante sobre todo lo que se hará, y, por su parte, la gestante debe compartir sus miedos y dudas y ser escuchada. Muchas violencias ocurren porque este diálogo no existe o es precario. - Ten un acompañante que también pueda decidir por ti
Es derecho de la gestante tener un acompañante tanto en las consultas prenatales como durante el parto. No necesita ser necesariamente la pareja, pero debe ser alguien que, en caso de que la gestante no pueda decidir, pueda asumir la responsabilidad de autorizar o no ciertos procedimientos. Esta persona debe ser consciente de su responsabilidad y también servirá de testigo si algo no ocurre como debería. - Considera el parto humanizado
Contrariamente a lo que muchos creen, el parto humanizado no consiste necesariamente en dar a luz en casa, en una bañera. Está más relacionado con la actitud que el equipo médico asume ante la gestante. En el parto humanizado, la atención se dirige a las necesidades de la mujer, dándole el control de la situación y la libertad de elegir. Lógicamente, la mujer debe estar bien informada para tomar una decisión consciente y no tendenciosa. En Brasil ha crecido la práctica de utilizar doulas durante el parto. La doula es una profesional que acompaña a la gestante durante todo el proceso del embarazo. Esta puede ser una buena opción para garantizar una experiencia sin traumas. - Elabora un plan de parto
La falta de consentimiento es uno de los principales causantes de la violencia obstétrica. En emergencias o situaciones de riesgo, el equipo médico suele hacer lo que considera mejor en el momento, pero no necesariamente lo que sería mejor para la gestante. Aquí entra el plan de parto. No es más que un documento elaborado junto con el obstetra, donde la gestante aclara a qué procedimientos prefiere someterse y cuáles quiere evitar. Tal vez no sea posible seguir ese plan al pie de la letra, pero mientras más previsiones se puedan hacer, mejor para todos.
Lamentablemente, la violencia obstétrica es un hecho y el número de denuncias lo confirma. Según una encuesta de Fiocruz, el 30% de las mujeres atendidas en hospitales privados sufren algún tipo de violencia obstétrica. En el sistema público, la tasa sube al 45%. Por tanto, este es un tema que debe estar en la agenda de cualquier persona que desee tener hijos.
El viaje de una mujer desde la concepción hasta el nacimiento del bebé es largo y, muchas veces, duro. El respeto y la dignidad hacia esa mujer deben ser preservados y, por más que existan razones para ciertas prácticas y actitudes, nada justifica el uso de la violencia, sea cual sea el tipo, en el trato con una gestante.







