El uso de la heparina durante el embarazo puede ser la solución para madres que ya piensan en desistir de la maternidad, tras pasar por repetidos casos de aborto espontáneo. Normalmente, no se busca saber si existe algún problema antes de que algo ocurra y aparezcan síntomas de algún problema de salud. Esto ocurre principalmente en el caso de las mujeres que sufren de trombofilia. La trombofilia es una enfermedad hereditaria o puede ser adquirida1. Esta actúa directamente en la producción de anticoagulantes naturales del organismo. La falta de coagulación durante un embarazo supone grandes riesgos no solo para el bebé, sino también para la madre. La enfermedad obstruye los vasos sanguíneos que irrigan la placenta, la cual es responsable de llevar los nutrientes necesarios para el desarrollo del feto.
Por ello, en cuanto se detecta la enfermedad, se indica el tratamiento con heparina2 para reducir los riesgos de complicaciones durante todo el embarazo, principalmente al final. En esta fase es bastante común la aparición de preeclampsia y problemas de insuficiencia placentaria3 que pueden llevar al fallecimiento del feto. El embarazo normalmente se mantiene hasta que el bebé tenga condiciones de sobrevivir fuera del útero y se indica la cesárea.
La heparina debe ser aplicada de forma inyectable por la propia gestante diariamente. Las dosis de heparina evitarán la formación de trombos y mantendrán la coagulación de la sangre normalizada. Cuando se detecta antes del embarazo o después de diversas ocurrencias de aborto por trombofilia, el tratamiento con heparina debe iniciarse incluso antes de intentar quedar embarazada nuevamente. Incluso siguiendo el tratamiento con heparina de forma adecuada y bajo recomendación médica, la gestante debe ser consciente de que se trata de un embarazo de alto riesgo. Pero con un acompañamiento médico adecuado, la realización del tratamiento junto con los exámenes complementarios para evaluación, es posible llegar hasta el final y tener a su hijo sano en sus brazos.
Relato de Una Mujer Que Hizo de la Heparina Un Vehículo Para Realizar Su Sueño
La heparina me permitió vivir la maternidad plenamente. Fue gracias al medicamento, claro que junto a una excelente atención médica, que hoy tengo a mi hija, mi preciosa Iolanda. Descubrí que tengo trombofilia, una enfermedad que hace que la sangre coagule en exceso en varias situaciones, entre ellas el embarazo, de la peor forma posible. Mi hijo, Francisco, murió con 38 semanas en mi vientre, solo un día antes de la fecha prevista para su parto. Yo podría haber tenido un ACV, una embolia, un infarto.
Pero lo que tuve atacó mi mayor bien y mi pequeño hijo fue privado de oxigenación, posiblemente debido a trombos en la placenta y el cordón. El embarazo fue realmente negligenciado por el obstetra que nos (des)atendió. Él tendría que haber notado los indicios de que algo no funcionaba y lo ignoró. Lo que causa esta enfermedad, en mi caso, es una mutación, pero también existen trombofilias adquiridas. Las investigaciones sobre la enfermedad aún son recientes y no todos los marcadores han sido descubiertos. Por eso, muchos médicos optan por indicar el anticoagulante incluso con exámenes negativos, sólo basándose en el historial.
Muchas mujeres pasan por abortos recurrentes, preeclampsia o pérdidas tardías, como fue mi caso. Otro factor que puede indicar la necesidad de heparina es la restricción del crecimiento intrauterino, que puede estar relacionada con la dificultad en el paso de nutrientes hacia el bebé. El examen de ultrasonido con doppler es fundamental para determinar que un embarazo va bien, como debe ser, con oxígeno y nutrientes llegando adecuadamente al feto. Lo que ocurre es que la mayoría de los médicos sólo solicita un doppler o ni siquiera lo pide.
El doppler debe repetirse al final del embarazo, cuando pueden ocurrir muchas complicaciones y esta prevención aún es rara entre los obstetras. La mayoría de las embarazadas utiliza solo la dosis profiláctica, de 40 mg, para evitar que la sangre coagule en exceso. Esta dosis, en principio, no acarrea riesgos para la mujer ni para el bebé. Conforme avanza el embarazo, se evalúa la necesidad de aumentar la dosis, que puede llegar hasta 2 mg por kilo de peso de la paciente. Esta dosificación la determina el obstetra o el hematólogo. –
Letícia Murta Periodista MTB 14266 (MG) y escribe en el sitio Eu Curto Ser Mãe.
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