Preocupación inevitable de todas las gestantes en el primer trimestre, el aborto retenido es motivo de miedo, causa mucha preocupación y genera muchas dudas para todas las futuras madres. Es aún peor para quienes ya han pasado por la traumática experiencia de un aborto. El temor de que la pesadilla se repita hace que miles de mujeres se desesperen ante cada señal, cólico y, en muchos casos, incluso síntomas psicológicos causados por el miedo. Esto provoca que busquen atención médica varias veces para confirmar que todo está bien con su bebé.
Para lidiar con todas estas emociones, el apoyo psicológico es fundamental. Por eso, recomiendo buscar una psicóloga con experiencia atendiendo a mujeres que buscan embarazo o están embarazadas. Conoce el servicio de psicología de Famivita y cuenta con la primera sesión de evaluación gratuita. Haz clic aquí y obtén más información.
¿Qué es el aborto retenido?
Se considera aborto retenido cuando se constata la muerte del embrión dentro del útero, donde no ocurre la expulsión espontánea1 después de 30 días del diagnóstico. Normalmente ocurre entre la 6ª y la 10ª semana. El embrión puede permanecer sin vida dentro del útero durante semanas o incluso meses. Se confirma mediante una ecografía, donde se evalúa la ausencia de latidos cardíacos fetales. También puede confirmarse a través de un análisis de sangre. Los niveles de HCG empiezan a disminuir, indicando que el desarrollo gestacional se ha detenido.
El aborto retenido es diferente del aborto espontáneo, que expulsa de manera natural el embrión, el saco gestacional y todos los restos presentes en el útero. Cuando es retenido, puede ser expulsado espontáneamente en el transcurso de los días. Si esto no ocurre en el plazo de un mes, es necesaria la intervención médica para la extracción2, que puede realizarse mediante legrado o aspiración manual intrauterina (AMIU).
El diagnóstico puede hacerse de varias formas. El aborto retenido no es necesariamente una muerte embrionaria en la que existía un corazón que dejó de latir. El diagnóstico de aborto puede referirse a un embrión que apareció, pero sin corazón, o a un saco gestacional vacío, que esperaba un embrión que nunca llegó. Si después de 30 días no es expulsado, se considera un aborto retenido.
Síntomas del aborto retenido
Aunque es una situación que debe confirmarse con exámenes, es posible sospecharlo a partir de ciertos signos. Son señales muy sutiles, pero pueden indicar la necesidad de consultar al obstetra para una evaluación. Sin embargo, es necesario advertir que el aborto retenido puede ser completamente silencioso. En algunos casos, la mujer puede pasar varias semanas sin notar ningún síntoma. Pero si se observan los siguientes síntomas, acuda rápidamente a su médico.
- Sangrado rojo intenso o marrón;
- Dolor pélvico;
- Desaparición de los síntomas del embarazo (náuseas, vómitos, aumento de la frecuencia urinaria);
- Ausencia de crecimiento del volumen uterino y del abdomen.
Causas del aborto retenido
Las causas del aborto retenido deben analizarse individualmente, ya que existen diversos factores que provocan su aparición3. Entre las principales causas se encuentran: edad de la mujer, malformaciones uterinas, defectos cromosómicos del embrión, alteraciones en la tiroides, diabetes no controlada o incluso problemas de coagulación sanguínea o alteraciones inmunológicas. Los malos hábitos y adicciones, como el consumo de drogas, tabaco y alcohol también forman parte de los factores de riesgo.
Las mujeres que han pasado por un aborto retenido habitualmente pueden volver a embarazarse de manera natural tras el plazo indicado por el ginecólogo. Que esto haya ocurrido en un embarazo no significa necesariamente que sucederá en los siguientes. Lo ideal es un seguimiento detallado, identificar las causas y tratarlas, para lograr en el futuro un embarazo saludable y tranquilo.
Riesgos
Si el aborto retenido no se trata adecuadamente o si el diagnóstico se retrasa, existen riesgos de infecciones graves. Estas infecciones pueden incluso causar lesiones en las trompas, provocando infertilidad o desencadenando una sensibilización al sistema Rh, dificultando futuros embarazos.
Cuando no es la primera vez que ocurre un aborto, sea espontáneo o retenido, es necesario investigar posibles causas de dicha situación. Algunos casos pueden ser sencillos, como la deficiencia de proteínas, colágenos y enzimas. O bien problemas en el coagulograma, que requieren tratamientos específicos para revertir el cuadro y que así la mujer esté lista para un nuevo embarazo.
También existen riesgos en el procedimiento de legrado. Por esto, la primera opción suele ser intentar que el propio cuerpo expulse el feto. Esto puede suceder naturalmente o con la ayuda de medicamentos como la oxitocina, que provocan contracciones. Si no se logra la expulsión del embrión y de todo el material intrauterino de esta manera, se recomienda el legrado. En el procedimiento, las paredes uterinas se raspan, y esto puede generar adherencias, quedando pegadas entre sí y produciendo el riesgo de desarrollar sinequia uterina.
Estas adherencias tras el raspado pueden dificultar que la mujer logre un nuevo embarazo, ya que el embrión encontrará dificultades para implantarse y desarrollarse. Otro gran riesgo del legrado es la perforación uterina.
Tratamiento para el aborto retenido
Tras confirmarse la muerte del embrión mediante ecografía, el tratamiento indicado puede variar caso por caso. Una de las primeras opciones es intentar una conducta expectante, es decir, permitir que el cuerpo expulse por sí solo el feto y todo el material residual del útero, pero sin necesidad de hospitalización. Esta conducta puede extenderse hasta 30 días. Para este método, es necesario un control y seguimiento rigurosos, para evitar que la mujer sufra infecciones.
Otra opción es hospitalizar a la paciente y administrar medicamentos para inducir contracciones uterinas, de modo que se eliminen el embrión y los restos. La tercera opción normalmente se indica cuando las dos primeras no dan resultado. También puede indicarse a petición de la paciente o, dependiendo de la gravedad del caso, por recomendación médica. Es el legrado.
El legrado es un proceso de limpieza y vaciado uterino. Un procedimiento de raspado garantiza que todo el material residual sea eliminado. También se puede realizar una aspiración manual, con ayuda de una jeringa, en la que todo el residuo es aspirado. Existen casos en los que se recomienda el uso de ambos procedimientos para asegurar la completa extracción de los restos.
Traumas del aborto
El aborto puede provocar daños psicológicos serios en las mujeres. La pérdida ya es difícil, y puede empeorar por todo el trastorno añadido si se trata de un aborto retenido. Por ello, toda la atención y precaución en este momento es indispensable, además del apoyo familiar que es esencial en esta fase de superación.
Muchas mujeres relatan el trauma generado por el momento de la pérdida y, sobre todo, durante el procedimiento de legrado. Además de todo el dolor que implica, muchas veces se enfrentan a la falta de profesionalismo y sensibilidad de muchos médicos y enfermeras, que tratan a las pacientes en esta situación con total desconsideración y falta de empatía. En caso de abuso médico o falta de respeto, no te quedes callada, ¡DENUNCIA!
Ver también: Fase lútea – La importancia de las hormonas en el embarazo








