Empezamos alrededor de 2013/2014 a pensar en intentar otro bebé. Para tener a nuestra primera hija ya habíamos hecho tratamiento durante unos 11 meses hasta quedarnos embarazados. Pero para la segunda el tiempo fue mucho mayor. Desde el nacimiento de Ana, nunca usamos un método anticonceptivo eficaz. Así que fuimos de nuevo en busca de ayuda, pero esta vez ni siquiera los tratamientos convencionales de inducción funcionaron. Hicimos el máximo permitido hasta ser enviados a la clínica de reproducción y allí comenzamos el tratamiento más eficaz. Muchos exámenes, hice un ciclo de coito programado, análisis de material, etc. (ya no recuerdo todo), y llegaron a la conclusión de que mis óvulos ya no tenían calidad y las posibilidades ya se habían vuelto improbables.

Como ya estaba cansada psicológicamente, decidimos dejarlo estar, pero la madre naturaleza no deja nada así. Ese mismo mes, después de la clínica, comencé a sentir dolores, envié un mensaje al ginecólogo y él me mandó a hacer un beta cuantitativo que para nuestra sorpresa dio 6. Todas las que están intentando saben la angustia que es cuando no sale cero, después de dos días 18 y así fue creciendo.

Sé que a nadie le gusta escucharlo, pero parece que cuando una lo deja estar, es cuando funciona

El embarazo fue súper tranquilo, de verdad, supimos que era nuestra segunda niña en +6 días. Tuve muchas náuseas, intentaba todo lo que me decían para que pasara, pero cuando cumplí 13 semanas desaparecieron. No tuve acidez, no fue un embarazo doloroso ni nada, dicen que ningún embarazo es igual a otro. Tenía mucho miedo de estar embarazada de nuevo, por las complicaciones del primero. Y el tiempo pasaba y ni señal de que naciera. Hice todos los ejercicios que me recomendaron para parto natural, pelota de pilates, comida con picante jaja, nada funcionó. En las últimas semanas me hacían cardiotocografía todos los días, ecografías cada tres días porque ya ni la sentía moverse. Hasta que en la última eco ella estaba en situación transversal y yo pedí una cesárea.

Mi marido entró conmigo, ¡fue un sentimiento inexplicable! Esperar ese primer llanto, pusieron a mi niña a mi lado y él la acompañó durante el baño, las primeras limpiezas. Pedí que no se hicieran algunos procedimientos y se respetaron todos. Apenas llegué a la habitación ella ya estaba allí esperándome, lista para amamantar, estuvo todo el tiempo conmigo, tuve ayuda de la logopeda para corregir la postura, y desde entonces mi pequeña está pegada a mi pecho. Fue perfecto, todo en su tiempo, todo respetado y en familia. No avisé a nadie que iba a tener al bebé, fuimos solo mi barriga, mi marido y yo al hospital, el hospital pidió una tercera persona y pedí entonces a mi madre. Fue como lo necesitaba, tranquilo, nosotros siendo los protagonistas, no un evento. Presentamos en el hospital mismo a la hermanita a la mayor, la alegría de ser la hermana mayor no tiene explicación suficiente para describirla.

Ser madre de dos, aunque no lo creía, es más fácil que de una sola. Incluso con la diferencia de 5 años, se ve la complicidad entre las dos, cómo la menor mira a la mayor esperando un juego, una travesura. Por más que aumente el cansancio, las noches mal dormidas, tener un hermano fue la parte más importante de la vida de Ana hasta hoy. Sí, al principio está la etapa de los celos, el miedo, pero cuando estamos los cuatro solos, eso queda de lado. Parece que la mayor se volvió más independiente en ciertas tareas básicas y quiere ser la hermana mayor en todos los sentidos posibles. Hace 10 años no me imaginaba siendo madre, y menos aún de dos niñas, pero hoy puedo decir que fue lo mejor que me pasó en la vida. Adapté mi vida profesional a la nueva rutina y logré combinar la maternidad con todo. Soy la madre conductora, limpiadora, empresaria, ¡pero no cambio a la yo de antes por nada!

Relato de Amanda Martins, mamá de Ana Luisa y Sofía

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Fotos: Archivo Personal TF