Mi nombre es Juliana Figueiredo Lima Alves, tengo 36 años y soy madre de dos chicos hermosos, Yago Lima Alves de 17 años y Ygor Lima Alves de 13 años. Bien, mi primer embarazo al principio fue algo difícil, porque descubrí que estaba embarazada ya de 4 meses y yo tenía 18 años. Fue bastante complicado, porque en ese tiempo me enfermé y tomé muchos medicamentos que no curaban mi dolencia.

Me pusieron muchas inyecciones, pero cuando escuché el latido del corazón de mi bebé me enamoré al instante. Fue hermoso oír ese sonido y enseguida vino la preocupación por saber si el bebé estaba bien. Cuando me hice la primera ecografía y me dijeron “su bebé está perfecto”, sentí una gran alegría y pude respirar aliviada. El embarazo fue avanzando y toda la familia amaba mucho al primer nieto, el primer sobrino y nuestro primer hijo.

A los nueve meses comencé a sentir dolores y fui a dar a luz, tuve que hacerme una cesárea porque mi hijo se había pasado un poco de la fecha para nacer. Pero fue un parto muy tranquilo y cuando el médico me mostró la carita de mi bebé, de Yago, enseguida las lágrimas brotaron de mis ojos de tanta alegría al ver a mi hijo hermoso y sano con 4,260 kilos y 52 cm. Había decidido no tener más hijos, ¡pero ese no era el plan de Dios! Casi cinco años después, descubrí que estaba embarazada de nuevo, y al principio no quise aceptarlo, porque fue difícil para mí asimilar un nuevo embarazo.

Estaba pasando por momentos muy difíciles debido al desempleo, pero con el tiempo el amor solo iba creciendo. Cuando fui a hacerme la ecografía, el médico me aseguró que era una niña, pero yo quería otro niño y no me resigné con el diagnóstico y me quedé pensando y hablando con Dios, “quiero otro niño”.

Mi esposo preparó el ajuar rosado, así que pedí otra ecografía cerca de la fecha del parto y descubrí que era otro niño. Me puse tan feliz que en pleno camino llamé y le dije: tendrás que cambiar todo, ¡porque Ygor va a llegar! Cuando fui a ver a la doctora, me puso una inyección para aguantar un poco más el embarazo, pero eso aceleró su corazón y tuvieron que hacerme una cesárea de urgencia. Me puse muy nerviosa porque tenía miedo, pero el Señor estaba conmigo y mi bebé nació hermoso y sano, con 4,230 kilos y 54 cm.

Y lo más curioso fue que, para quien al principio no quería, terminé amamantando a Ygor durante casi un año y nos volvimos aún más unidos. Hoy soy una madre súper feliz, porque tengo dos hijos hermosos que me aman mucho y a quienes yo amo muchísimo. ¡Estoy muy orgullosa de mis hijos! Hoy Yago ya va a la universidad, es un gran hijo y Ygor trabaja conmigo y también es un hijo maravilloso. Estoy orgullosa de ser madre de dos chicos hermosos.

Vea también: Recibí 3 Bendiciones – Relato de Patrícia Figueiredo

Fotos: Archivo Personal TF