Relato de una lectora y la dificultad que atravesó mientras aún estaba embarazada. ¿Cómo puede una embarazada pasar por un susto tan grande y que todo salga bien? ¡Obra de Dios! Lee su testimonio a continuación.

«Vengo aquí a compartir un poco de mi historia con ustedes… Tengo 28 años y un hijo precioso de 8 años. Quedé embarazada al cambiar de un anticonceptivo a otro a los 19 años, mi relación era inestable, como era de esperarse a esa edad. Recuerdo como si fuera hoy cuando recibí el resultado por teléfono, recuerdo que tuve que llamar varias veces hasta entender qué significaba el positivo, de tan nerviosa que estaba, sin mencionar el día que tuve que dar la noticia a mis padres…Uf, todavía me da un vuelco el estómago al recordarlo, ¡jaja! Bueno, soy de esas personas que creen que todo ocurre por una razón, nada sucede en el momento equivocado… a los 3 meses de embarazo tuve un pequeño sangrado y fui atendida en un hospital maternidad muy reconocido aquí en Río de Janeiro, allí el médico que realizó mi ecografía decía que no veía al bebé… tomé mi resultado y lo llevé a mi doctora, quien me explicó que, según ese resultado, se trataba de un huevo huero, era cerca de Navidad… ella, por precaución, optó por hacerme otra ecografía antes de llevarme a la sala de legrado, llamó al médico que hacía la ecografía y él ya estaba entrando en su coche para irse, pero a petición de mi doctora regresó para hacerme el examen… así que en cuanto introdujo el aparato pudimos escuchar los latidos del corazón, ella me miró y dijo “hija, este pidió nacer”…

Curioso que en el momento en que recibí la noticia de que se trataba de un huevo huero me puse tan triste que por un instante me olvidé de todo mi nerviosismo por estar gestando un bebé mientras aún me sentía una… y justo cuando obtuve la respuesta de que él estaba allí, vivo, luchando por venir a este mundo, sentí un gran alivio y felicidad, pero aun así seguía sin aceptar mi embarazo, no acariciaba mi barriga, no documentaba su crecimiento con fotos, no hablaba con mi hijo como suelen hacer las embarazadas, evitaba encontrarme con conocidos en la calle. En fin, una depresión de la que no podía salir, llegué a gritar en casa que quería que Dios me llevara en el parto y mi madre, desesperada, por mi estado.

A los 7 meses sufrí un asalto en el salón donde estaba y hubo un tiroteo, para protegerme, ya con el instinto maternal me tiré al suelo boca abajo para que nada le alcanzara a mi barriga, fue horrible, mi barriga se puso dura como una piedra, yo me quedé helada y él pobrecito, apretado de un solo lado por el impacto, a los 8 meses parada en un semáforo cerca de una favela en Río, otro asalto también con intercambio de disparos, una familia muy humilde me recogió y me llevó a su casa para protegerme… en fin, cada mes que pasaba él, mi hijo, demostraba que estaba escrito que él sería mío y yo de él.

Mi parto fue un miércoles y el viernes anterior empecé a tener un flujo muy blanco, y recién se lo conté a mi madre el domingo, que en cuanto se enteró llamó a mi doctora quien me pidió que fuera a su consultorio el lunes, yendo hacia el consultorio sufrí una caída horrible, llegué y ella constató que tenía 1 de dilatación, volví a casa y guardé reposo, el martes empecé a orinar con más frecuencia y tuve un flujo marrón, llamé a mi obstetra y me pidió que me internara el miércoles bien temprano, llegué a la maternidad con 8 de dilatación, yo quería parto normal, pero mi doctora no lo consideró prudente porque estaba con contracciones y 8 de dilatación sin sentir nada, vino hacia mí y me dijo vivi no voy a intentar parto normal porque creo que puede estar enredado en el cordón.

Dicho y hecho, él tenía dos vueltas en el cordón, yo que solo había engordado 4 kg, tuve un bebé de 3.980 y 51 cm y en ese momento cuando tuve a mi hijo en brazos, toda aquella depresión desapareció, definitivamente nuestros destinos se cruzaron en la maternidad. Hoy él es mi mayor y mejor amigo, ¡mi vida! Me casé de nuevo y mi marido no tiene hijos, pero ama al mío como si fuera suyo, y llevamos intentando quedarnos embarazados desde agosto cuando dejé de tomar anticonceptivos. Curioso cómo la vida nos da lecciones, ¿verdad? Hace ocho años, desesperada por estar gestando a un ser precioso y hoy aquí, en el intento de tener otro, y cada mes que me baja el periodo es una frustración, creo que el de arriba me puso a prueba, ¿sabes?, para enseñarme el don que es dar vida, para valorar más… en fin, sigo en mi intento y así como pasó la primera vez, tengo la certeza de que ocurrirá en el momento adecuado. «

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Foto: Neudimar Reis