Uno más de los muchos problemas que acompañan al ser humano desde la primera infancia, la rinitis alérgica está en la cima de esa lista. Esto se debe a una reacción inmunológica del propio cuerpo tras la inhalación de partículas alergénicas, donde la puerta de entrada de estas partículas es la nariz. Considerada una inflamación de las mucosas nasales, puede ser causada por una infección viral o por sustancias alérgicas.

La función de la nariz es ser la entrada del aire que respiramos y filtrar el aire que llegará hasta nuestros pulmones, sin embargo, este aire viene cargado de varias sustancias extrañas. Cuando lo inhala una persona que no sufre alergias, no ocurre ninguna reacción, distinto es el caso de los niños alérgicos. Cuando estas partículas extrañas entran en contacto con las fosas nasales de un niño alérgico, el propio sistema de defensa del organismo se manifestará al detectar estas sustancias, presentando síntomas alérgicos.

Durante una crisis de rinitis alérgica, el niño sufre con síntomas intensos como una fuerte rinorrea, obstrucción nasal, estornudos, picor en los ojos y la nariz. Si también padece de asma, puede además acompañarse de una crisis de dificultad respiratoria. El picor en la garganta, en el paladar y el lagrimeo de los ojos también son signos muy comunes durante la crisis de rinitis. Es muy frecuente que los niños que sufren de rinitis alérgica también presenten un cuadro de sinusitis, lo que recibe el nombre de rinosinusitis.

Diversas sustancias encontradas en el medio ambiente son alergénicas, pero la que predomina en los exámenes de alergia es el polvo. La principal responsable de las crisis de rinitis alérgica es el polvo doméstico que se encuentra en los muebles de nuestras casas. Así como los pelos de animales, hongos y ácaros que también suelen alojarse en colchones, sofás, alfombras y cortinas. Por eso las crisis de rinitis no dependen de si el período es más húmedo o seco, pueden manifestarse durante todo el año. Normalmente, las personas alérgicas también presentan rinitis alérgica en su cuadro. Los niños cuyos padres tienen rinitis también tienen más posibilidades de desarrollar este problema. La falta de higiene en el ambiente donde vive, al igual que la presencia de objetos que acumulan ácaros, puede agravar aún más el problema.

¿Existe tratamiento para la rinitis alérgica?

El primer paso para tratar la rinitis alérgica es descubrir qué desencadena las crisis alérgicas. Durante la consulta médica, es fundamental relatar los síntomas y la sustancia sospechosa que desencadena la reacción para la evaluación. Puede solicitarse una prueba de alergias para revelar las sustancias alergénicas que desencadenan la rinitis en el niño. Esta prueba puede realizarse de dos formas: a través de la piel, que es el método más eficaz, o mediante análisis de sangre específicos que identificarán los causantes.

Tras la identificación de las sustancias responsables de la rinitis alérgica, el propio médico solicitará y recomendará algunas medidas para evitar el contacto. En el caso de alergia al polvo y ácaros, algunos cuidados como cambiar las sábanas semanalmente, eliminar alfombras y cortinas de la habitación y mantener la casa aspirada y limpia con un paño húmedo a diario son algunas de las recomendaciones necesarias. Incluso retirar los peluches de la habitación del niño puede ayudar en el tratamiento y a disminuir los síntomas y manifestaciones de la rinitis alérgica.

También se recetarán medicamentos para disminuir los síntomas y ayudar a mejorar la respiración, como los antihistamínicos (antialérgicos) que alivian rápidamente los síntomas de picor, estornudos y rinorrea. Descongestionantes nasales y corticosteroides también pueden utilizarse para aliviar los síntomas y ayudar a mejorar la respiración, pero deben ser usados con precaución y bajo recomendación médica.

Otra opción de tratamiento son las vacunas antialérgicas, que son la última opción cuando el niño no ha tenido éxito con el tratamiento farmacológico. Sin embargo, este tratamiento solo puede realizarse tras la confirmación de la sustancia alergénica, y mediante medicación inyectable o en gotas se administra al organismo del niño una cantidad controlada de dicha sustancia con el objetivo de que el organismo deje de reaccionar, volviéndose menos reactivo. Normalmente el tratamiento tiene tan buena respuesta que el niño puede suspender el uso de medicamentos de forma definitiva.

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Fotos: Denise Sebastian, SCA Svenska Cellulosa