Con 38 semanas, estaba libre de la presión alta

Luché y soñé mucho con el tercer embarazo, ya sabía que sería el último y que por ahí cerraría la fábrica y no tendría más hijos. Como tuve dos experiencias con cesárea, sabía que fatalmente el tercer embarazo también lo sería. Tanto por el riesgo que implica para la madre tener más de dos cesáreas al entrar en trabajo de parto, como por aprovechar para hacer una ligadura de trompas y cerrar oficialmente mis días como intentona. Siempre digo: cuando tenemos experiencia en un asunto, todo tiende a ser más tranquilo. Incluso con riesgo de preeclampsia1 fui tranquila al preparto. Por cierto, voy a empezar desde el principio…

Cuando tuve a mis dos hijos mayores, tuve dos experiencias totalmente diferentes con la cesárea. ¡La primera vez fue todo muy tranquilo! Aunque sufrí una bajada de presión habitual causada por la raquianestesia, todo salió muy bien. Pero en el segundo parto, tuve problemas más graves, un caso aislado de subida de la raquianestesia al pulmón que dificultó la respiración2. Se necesitaron algunos cuidados durante y después del parto, pero todo salió bien al final. La tercera vez fui tranquila, ¡ya sabía lo que me esperaba! Conocía todo el proceso y cómo estaría después del parto.

Salimos de casa alrededor de las 5 de la mañana, el médico había pedido que estuviéramos en la maternidad alrededor de las 10 para hacer el ingreso, pero como ya tengo experiencia en maternidad, quise adelantarme para internarme antes y asegurarme de salir de la maternidad aún con luz del día. Sí, para quien no lo sepa aún, te dan el alta 48 horas después de la hora en que se realizaste el procedimiento. La mayoría de las maternidades adoptan este método para recolectar la prueba del talón del bebé y asegurarse de que no tenga episodios de ictericia3.

Bueno, ¡fuimos Marcos y yo con maletas y todo! Como toda gestante, las maletas (la mía y la de Melissa) y mucha alegría en el corazón, al fin y al cabo, ¡iba a ver el rostro de mi muñeca por primera vez! Llegamos a la maternidad sobre las seis de la mañana y fuimos directamente al ingreso, lamentablemente tuvimos que esperar el cambio de turno y esperamos hasta las 8. Yo muerta de hambre, pues desde el día anterior no podía comer ni beber nada por el procedimiento que se iba a realizar, me aguanté firme allí.

Por fin subimos a la habitación, dejamos nuestras cosas y fuimos al preoperatorio. Marcos se quedó fuera esperando mientras yo me preparaba y antes de entrar al quirófano me dieron esa hermosa bata, esa que deja el trasero al aire. Me vestí, me puse la cofia y los protectores de pies y me tumbé en una sala cómoda junto a varias chicas primerizas en esto de los partos. Todas mamás primerizas y yo ahí en medio de ellas ¡siendo bombardeada a preguntas!

– ¿La anestesia duele? – ¿Qué sentí después del parto? – ¿Cómo será la recuperación?

Nos quedamos charlando y ni notamos el tiempo pasar hasta que la enfermera dijo que el médico había llegado y que iba a poner el acceso de gel (para la medicación y el suero en la vena). El acceso es más ancho que un simple catéter con aguja, confieso que eso fue más complicado para mí en todos los partos, pues debido a que es una punción relativamente grande, puede causar no dolor, pero sí incomodidad.

Ya con el acceso colocado, yo y todas las demás parturientas, finalmente mi médico (querido doctor Roberto Nogui) nos preguntó quién quería ir primero y claro, ¡todas las mamás primerizas me señalaron a mí! Así que fui caminando por el pasillo sujetándome la bata para que todo el quirófano no viera mi trasero. Llegué por tercera vez al centro obstétrico y lo confieso: ¡ese ambiente me congelaba! Aunque tranquila y la presión controlada, estaba nerviosa por la situación. ¿Saldría todo bien? Entre tantos pensamientos, sólo algo se me venía a la cabeza, no quería quitarme las gafas. Quería poder ver a mi hija, así que pedí a la enfermera que me las dejara puestas al menos hasta que ella naciera. Me lo permitió y me dijo que si sentía cualquier cosa le avisara y me las quitaría.

¡La Tercera Cesárea Nunca Se Olvida!

El anestesista llegó, se presentó como siempre y me dijo que la anestesia que me pondría sería una combinación nueva que no me dejaría los efectos de la última vez. Me puse en la posición que pedían: sentada con la barbilla pegada al pecho lo máximo posible. Así que allí estaba el médico buscando el punto exacto para aplicar la anestesia. ¡Por fin comenzaba de hecho mi tercer parto por cesárea!

Creo que el mayor miedo de una novata en cesáreas es realmente el dolor que puede sentir y la anestesia, aunque haya tenido problemas, como dijo el médico especialista puede pasarle a cualquiera. Aunque fuera un hecho aislado, tenía cierto temor de aplicar la raqui de nuevo, así que hablé con el médico responsable. Recuerdo que al aplicarla ya sentí las piernas pesadas, la sensación era diferente a las otras veces. Ahora sentía que me tocaban, sólo que no sentía dolor. Fueron cuestión de 2 minutos y el médico entró por la puerta todo contento y feliz y dijo:

– ¡Es Patricia, vamos a ver la carita de Melissa!

Me tumbaron y el paño azul extendido frente a mí. Estoy segura de que en ese momento pusieron la sonda y me limpiaron con yodo porque sentí algo muy frío en la parte baja del abdomen. Tras eso, sólo recuerdo sentirme un poco mareada y enseguida el anestesista lo notó y puso algo en el suero para subir la presión. Tras recuperarme, hicieron pasar a Marcos y sentarse a mi lado en un banquito, ¡él estaba más pálido que yo! Se podía ver en sus ojos la emoción de la novedad, al fin y al cabo, era nuestro tercer bebé por cesárea y la primera vez que entraba en el quirófano para presenciar el nacimiento de nuestro tan esperado fruto.

Pronto el médico le dijo que podía ir al frente de la camilla, creo que no pasaron ni 15 minutos desde que entré al quirófano hasta que escuché el llanto de Melissa. Oía los ruidos de los aspiradores y por fin un pequeño gemido y enseguida un llanto fuerte. Melissa llegó al mundo el 22 de julio de 2011, preciosa y saludable con sus 47 cm y 3540 kg.

Después del nacimiento la limpiaron y la trajeron para que yo pudiera conocerla por fin; mi hermosa y tan morenita hija era gordita y se parecía a mí. Cuando se acercó a mamá y escuchó mi voz, era como si el mundo se detuviera por tercera vez. Impresionante lo fuerte que es la conexión madre e hijo. Marcos, emocionado, pudo coger a nuestra linda Mel, y lleno de emoción me dijo que era perfecta.

Después de eso, se la llevaron y Marcos fue con ella. Se hizo la ligadura y terminaron la sutura. Tras acabar me quedé unos cinco minutos más en el quirófano y me llevaron al posparto donde estuve unas 2 horas más hasta que la anestesia se fue del todo. Durante ese tiempo temblaba tanto, pero tanto… Pero no era de frío porque, sudaba mucho. Creo que era efecto de la anestesia. Sentía que el mundo giraba, y según el médico era normal. Fui a la habitación y enseguida ya pude levantarme para ducharme. El mundo seguía girando pero fui apoyada en la enfermera que me ayudó con mucho amor. Me arreglé y enseguida Melissa también fue a la habitación.

Estuve 2 días en la maternidad, fueron días buenos aunque no los cambio por mi casa, todos fueron muy amables conmigo. Finalmente llegó la hora de irnos y entonces el tan soñado traje de salida de la maternidad se lo puso el papá a Mel. Tras la recogida del análisis del talón regresamos a casa con nuestro tercer tesoro. La recuperación fue larga. Tanto por ser la tercera cesárea como por la ligadura. Aunque tenga experiencia, tuve estreñimiento en los primeros días después del parto, pero todo fue bien con la orientación del médico. Me quitaron los puntos a los 10 días del parto y ¡gané una nueva vida! A los 30 días del parto estaba como nueva, ni parecía que había tenido un bebé.

Creo que la cesárea fue la mejor elección en mi caso pues tengo algunos problemas que me impedirían tener un parto normal, la presión era demasiado alta durante el embarazo y el médico no quiso arriesgar. No me arrepiento, si fuera hoy creo que lo haría todo de nuevo, pero si pudiera empezar de cero, creo que al menos elegiría tener un parto normal para saber cómo se siente. En fin, esa es mi experiencia con la tercera cesárea.

Besos

Patricia

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Fotos: Archivo Personal