El parto es un momento único en la vida y de gran importancia para todas las mujeres. Durante todo el embarazo, se planifica cómo será ese momento y cuáles son los medios existentes que pueden hacerlo más tranquilo. Es una mezcla de miedo y ansiedad que son naturales en todas las mujeres que van a pasar por este momento. Sin embargo, un momento tan importante como este puede convertirse en una verdadera pesadilla debido al tipo de trato que la mujer pueda recibir. La violencia obstétrica es el tipo de violencia y abuso que sufren las mujeres durante el embarazo, en el momento del parto o durante el puerperio. Esta violencia puede ser tanto psicológica como física y provoca daños traumáticos en la mujer, haciendo que momentos tan significativos como el parto sean algo que se quiera olvidar. Maniobras físicas innecesarias o forzadas, uso innecesario de instrumentos como el fórceps, exámenes de tacto realizados en exceso y por diferentes profesionales, ruptura forzada de la bolsa, así como declaraciones verbales ofensivas y humillantes son ejemplos de violencia obstétrica. Las investigaciones señalan que 1 de cada 4 embarazadas ya ha sufrido violencia obstétrica. Es una cifra alta si pensamos en cuántas mujeres dan a luz todos los días en nuestro país. Por eso, es algo que sí debe hablarse y discutirse, ya que es un acto de deshumanización y violación de derechos que dejará marcas en la mujer. mulher grávida

Prácticas comunes en la violencia obstétrica

Como se dijo anteriormente, la violencia obstétrica se caracteriza no solo por la violencia física, sino también psicológica. Entonces, frases que conllevan insultos, gritos, chantajes e incluso amenazas que tienen como objetivo humillar la condición de la mujer que está pariendo se consideran también violencia obstétrica. Algunas de las prácticas físicas más comunes en el entorno de la violencia obstétrica son la práctica innecesaria de la episiotomía y de la presión fúndica uterina o maniobra de Kristeller, como también se le conoce. La episiotomía consiste en un corte hecho en la región del periné para ampliar el canal del parto, lo que provoca laceraciones en la zona. Esta práctica debe usarse solo en casos justificados, pero se sabe que muchos profesionales realizan la episiotomía como una práctica común en todos los partos, provocando mutilaciones en la vagina. Por otro lado, la maniobra de Kristeller es una presión manual sobre el cuerpo de la mujer en la que se empuja su abdomen hacia el canal del parto, con el principal objetivo de acelerar la salida del bebé, pudiendo provocar lesiones graves como desprendimiento de placenta y fracturas. Ambas son prácticas obsoletas y ya no son recomendadas por la Organización Mundial de la Salud debido a la falta de evidencia científica. Aun así, algunos profesionales de la salud insisten en utilizarlas durante el parto, siendo este un acto de gran brutalidad hacia la mujer que está allí para recibir atención médica. La propia FEBRASGO – Federación Brasileña de Asociaciones de Ginecología y Obstetricia – afirma que no hay evidencia científica suficiente que respalde la indicación del uso de la episiotomía, y que no debe ser la primera opción en el momento del parto. No permitir la presencia del padre u otro acompañante es también un tipo de violencia, pues todos los datos científicos señalan la importancia tanto para la mujer como para el bebé de tener un apoyo continuo durante el parto. Además, este es un derecho garantizado por ley, de acuerdo con la Ley Federal n.º 11.108, del 7 de abril de 2005. También hay profesionales que se niegan a seguir las solicitudes que algunas mujeres hacen. Existen relatos de mujeres que piden que no se realice la episiotomía y, aun así, los médicos la realizan sin justificación. Otras dejan claro en su plan de parto todos los procedimientos y deseos que les gustaría tener o evitar durante el parto y algunos profesionales simplemente no toman en cuenta tales solicitudes. Incluso la ONU – Organización de las Naciones Unidas ya ha publicado declaraciones sobre el tema, enfatizando que todas las mujeres tienen derecho a recibir el más alto nivel de atención, incluyendo el derecho a una atención digna y de respeto durante el embarazo y el parto, así como el derecho a no sufrir ningún tipo de violencia ni discriminación.

¿Cuáles son las consecuencias e impactos?

La violencia obstétrica es un problema grave y que provoca efectos drásticos en la salud física y emocional de la mujer. A partir de los años 2000 es cuando este tema comenzó a ser más debatido aquí en Brasil. Por eso, se elaboró la Política Nacional de Humanización del Parto que busca precisamente transformar la realidad de la asistencia al parto en nuestro país, mejorando cada vez más la calidad de los cuidados a las parturientas. Algunas mujeres ni siquiera se dan cuenta de que lo que sufrieron fue una violencia, pensando que ese es el trato estándar que toda mujer debe pasar y, por eso, muchas veces tales prácticas ni siquiera se cuestionan. La mayoría de las mujeres refiere sentimientos como frustración, culpa, tristeza, inferioridad, impotencia e indignación respecto a los profesionales que las atendieron. Otras desarrollan traumas, afectando incluso el momento de tener relaciones sexuales, por ejemplo. Junto a ello, algunos estudios apuntan que las mujeres que pasaron por cualquier tipo de violencia en los servicios de salud, ya sea física o verbalmente, tienen grandes probabilidades de desarrollar depresión posparto. Por eso, además de todas las consecuencias e impactos físicos que la violencia obstétrica puede causar, están también las cicatrices emocionales, los recuerdos que quedan de los acontecimientos y los sentimientos que se vivieron en esos momentos. Independientemente de si el parto será realizado por el sistema público o privado, toda mujer debe ser respetada y merece recibir los mejores cuidados posibles. Un trato humanizado en un momento tan importante como el parto es el respeto a un derecho más que necesario.