El cuerpo humano necesita energía para desempeñar desde sus funciones más básicas, como respirar, hasta las más elaboradas, como generar una nueva vida. Nuestra fuente de energía proviene del consumo de alimentos que conocemos como carbohidratos, proteínas, grasas y nuestras queridas vitaminas. Durante el embarazo, las mujeres pasan por algunas adaptaciones energéticas, metabólicas y corporales. En este período, hay una necesidad extra de energía para soportar el peso adicional que será utilizado como energía para generar y nutrir al bebé. Es decir, el cuerpo de la gestante experimenta un gran aumento de varias demandas, especialmente las nutricionales. Sin embargo, este grupo acaba siendo más susceptible a las deficiencias nutricionales, pues, en la mayoría de las veces, no logra suplir ese mayor requerimiento. De hecho, hay un mayor riesgo de consumo insuficiente de micronutrientes, en este caso las vitaminas, que tienen un aumento de sus demandas relativamente mayor en comparación con la de energía, y esto puede impactar negativamente en el embarazo, tanto para la madre como para el bebé. ¡Consulta a continuación qué vitaminas no pueden faltar durante tu embarazo!
Vitaminas: cuál es su función y dónde encontrarlas
Las vitaminas son sustancias indispensables para el funcionamiento del organismo, pues son esenciales para mantener el sistema inmunológico saludable, garantizar el correcto funcionamiento del metabolismo y promover el crecimiento. En específico, en el período de embarazo, estos elementos son responsables del desarrollo adecuado del niño, así como para evitar que la madre desarrolle alguna enfermedad durante la gestación, como anemia y pérdida ósea.
- Variar mucho el menú;
- Invertir en alimentos frescos y orgánicos;
- Reducir la ingesta de alimentos industrializados y procesados;
- Reducir el consumo de alimentos que pueden contener grandes cantidades de grasas, sodio, colorantes y conservantes.
Muchas mujeres se niegan a tomar suplementos vitamínicos, porque creen que pueden aumentar de peso; sin embargo, las vitaminas no tienen calorías y, por eso, no existe ese riesgo.
Vitaminas esenciales para un embarazo sin complicaciones
Ahora que ya sabes qué son las vitaminas y cómo son esenciales para un embarazo seguro, te explicaremos cuáles de ellas merecen tu atención, y cuáles incluso deben ser monitoreadas por un profesional de la salud.
Las vitaminas de mayor importancia y que deben ser acompañadas durante el embarazo, de preferencia en el control prenatal, son: hierro y ácido fólico. Por eso las abordaremos primero.
Ácido fólico (Folato) Aunque el ácido fólico está ampliamente distribuido en los alimentos, el consumo dietético de este nutriente es, en general, insuficiente, especialmente durante el embarazo, cuando las necesidades nutricionales aumentan. El folato es un nutriente muy importante para la construcción del sistema nervioso central del bebé, especialmente el cerebro y la médula. La carencia de este nutriente puede causar anemia en la madre, influir en la ruptura de la placenta, bajo crecimiento intrauterino y parto prematuro. Además de consumir alimentos ricos en ácido fólico, también es altamente recomendable que la gestante asista al control prenatal y realice la suplementación y el monitoreo de este nutriente. La Organización Mundial de la Salud, de hecho, recomienda que esta medida se inicie preferentemente antes de la concepción. Algunos alimentos ricos en folato: vegetales de hojas verdes oscuras, como la col y las espinacas; frutas cítricas; granos y semillas; aguacate; nueces y castañas. Hierro (Fe) El hierro es un nutriente fundamental para transportar oxígeno por la sangre, además de contribuir al sistema inmunológico y participar en el desarrollo cognitivo. La deficiencia de hierro puede causar anemia ferropénica, que es una enfermedad común y más frecuente en mujeres, especialmente durante el embarazo. Esta condición puede aumentar el riesgo de mortalidad materna, la aparición de bajo peso al nacer y, también, la incidencia de partos prematuros. Por estos motivos, esta vitamina debe ser monitoreada y, en algunos casos, se puede recurrir a la suplementación como medida protectora. Alimentos ricos en hierro: carne roja (de vacuno); cereales integrales (quinoa, avena, trigo); yema de huevo; vegetales de color verde oscuro (espinaca, rúcula, brócoli, berro).











