El parto en agua es cuando la mujer da a luz sumergida total o parcialmente en agua, dentro de una bañera o piscina. Es una de las formas más antiguas de dar a luz. Existen varios relatos que informan que príncipes y princesas nacían en bañeras en la antigua Grecia, sin embargo, esto fue quedando como última opción debido a las facilidades hospitalarias de los tiempos modernos.
Actualmente este tipo de parto ha vuelto a tener demanda y, como existen pocas opciones de maternidades que cuenten con bañeras disponibles para atender a las gestantes, los partos domiciliarios han aumentado considerablemente día tras día. En los partos en agua en casa, cuando no se dispone de bañera en el lugar, se instalan piscinas inflables para utilizar en el momento del parto. El objetivo del parto en agua es relajar a la mujer en trabajo de parto activo, recuperando energías y generando más calma para el momento de la expulsión, convirtiéndolo en un momento de tranquilidad tanto para la madre como para el bebé que saldrá del agua del útero directamente al agua de la bañera o piscina que debe estar templada a una temperatura media de 36°.
¿Existe riesgo en el parto en agua?
Los riesgos atribuidos al parto en agua son principalmente la hemorragia posparto, por eso se recomienda la expulsión de la placenta fuera del agua para controlar el flujo de sangre y el riesgo de que el bebé aspire agua; aunque sean pocos los casos reportados, los riesgos existen. Algunos obstetras también informan que, en caso de necesitar una episiotomía si el bebé es grande, el procedimiento se dificulta dentro del agua. No se recomienda este tipo de parto para embarazos de riesgo, bebés prematuros, gestantes con diabetes, VIH, hepatitis B, herpes genital o en casos de bebés muy grandes (más de 4 kg). Todo parto debe estar acompañado por un obstetra o por un especialista con equipo para casos de emergencia y atención tanto a la madre como al bebé.
¿Cómo es la recuperación de la madre que tiene un parto en agua?
En el parto normal la recuperación de la mujer suele ser más tranquila que en la cesárea, ya que no se realiza ninguna intervención quirúrgica; mientras que en el parto en agua la recuperación es aún más tranquila, pues dentro del agua la mujer gasta menos energía y su cuerpo se relaja con el agua tibia, lo que ayuda a acelerar la dilatación del útero, resultando en una expulsión más rápida y menos agresiva tanto para la madre como para el bebé. En relación a la vagina y el periné, debido al extremo relajamiento en el agua, los índices de laceraciones o edemas son menores que en un parto normal convencional.
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Foto: Hobo Mama








