Cuando hablamos de embarazo hablamos de futuro. Este futuro se convierte en presente cuando las adolescentes quedan embarazadas y serán madres. El embarazo en la adolescencia toma por sorpresa a la mayoría de las familias y requiere no sólo atención especial sino también un gran esfuerzo conjunto tanto de los jóvenes padres como del resto de la familia.
Experiencias de Madres Jóvenes
Aunque difícilmente un embarazo sea deseado en la adolescencia, esto no significa que estas jóvenes madres no puedan cuidar de sus hijos. Cuando el entorno familiar y el padre acogen al bebé, tanta responsabilidad a esta edad puede incluso convertirse en un factor positivo para la vida de las adolescentes, como muestran algunos ejemplos.
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El embarazo en la adolescencia puede traer algunas dificultades en la vida de quien se enfrenta a él. ¿Quién es adolescente? Se considera adolescentes a los niños a partir de los 11 años hasta los jóvenes de 20 años. Gran parte de los casos ocurre en la vida de chicas adolescentes, casi de forma anunciada cuando la vida sexual comienza temprano y sin preparación. Afortunadamente, la mayoría de ellas recibe bien esta nueva vida que está llegando.
El embarazo en la adolescencia está presente en todas las clases sociales, independientemente del nivel educativo de la chica o de la pareja. Lo que lo distingue es la mayor incidencia en parejas de bajos ingresos y regiones desfavorecidas donde la educación a veces no es una prioridad, ya que la necesidad de sobrevivir y asumir responsabilidades laborales a una edad temprana resulta más importante a corto plazo. Priorizar el sustento necesario de la familia hace que muchas adolescentes abandonen los estudios para ayudar a cuidar de sus hermanos o incluso trabajar para convertirse en el sostén familiar.
Cuando la noticia positiva llega de repente, pueden pasar muchas cosas por la cabeza de la madre adolescente. Sin embargo, lo mejor que puede hacer en ese momento es buscar al padre o a su responsable y contar la situación lo antes posible para garantizar el bienestar de todos. La confianza es la base de cualquier relación y contarlo temprano puede hacer que la situación sea menos grave. La manera en que los padres de los adolescentes reciban la noticia dependerá de su educación y de los valores familiares. Familias más tradicionales pueden verlo como una ofensa, mientras que para otras puede ser una bendición pese a las circunstancias.
La transición de hija a madre puede ser en ocasiones muy brusca. La chica puede no comprender que el bebé ya no es solamente responsabilidad de alguien, sino que ella será responsable de una nueva vida que está por venir. El cambio con el nacimiento es indiscutible y, si no está preparada para ello, puede terminar sufriendo mucho debido a las exigencias familiares e incluso de la sociedad para con los cuidados que exige un bebé.
Noches en vela, amamantar, cambiar pañales, bañar, consolar, cuidar en momentos de enfermedad. Todo esto puede parecer muy mágico en teoría, pero en la práctica puede ser necesario que una persona con más experiencia ayude a la nueva mamá. Claro que, como muchas madres jóvenes, en la mayoría de las veces lo logran bien. El problema aparece cuando la dedicación al bebé no es la prioridad.
Algunas jóvenes se casan extremadamente temprano y ya a los 16 años pueden querer ampliar la familia. En este caso, la estructura ya está en cierta forma formada. Un núcleo familiar joven, precoz a veces, pero que aun así cuenta con padre, madre y bebé. En estos casos, el embarazo puede ser recibido sin grandes sobresaltos y las dificultades se reducen.
Cuando el embarazo ocurre en la vida de la joven, es seguro que muchas cosas pueden perderse, como el tiempo para fiestas, noviazgos, estudios y tantas otras cosas que la adolescencia proporciona. El embarazo precoz no arruina la vida de nadie, pero trae consigo la necesidad de maduración por parte de los nuevos padres. Muchas veces, la misión de orientar en este nuevo camino recae en los abuelos. Esta orientación es fundamental y, seguramente, será valorada a lo largo del tiempo.
Los riesgos del embarazo en la adolescencia pueden ser mayores en casos de extrema prematuridad de la edad materna. Chicas entre 11 y 14 años pueden sufrir por la falta de desarrollo del aparato reproductor. Normalmente son acompañadas de cerca ya que la medicina las considera embarazos de riesgo.
Ser madre adolescente no siempre es una tarea fácil. Ver a las amigas haciendo todo lo que tú deberías estar haciendo a veces puede provocar malestar. Sin embargo, la recompensa de cuidar bien a tu hijo vendrá incluso cuando pronuncie su primera palabra o dé su primera sonrisa.
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